Benito Rebolledo; el pintor tolstoyano.

nació en Curicó el 2 de agosto de 1880, Benito provenía de una familia arraigada en las labores campesinas y de muy pocos recursos. Los paisajes que inundaron sus pupilas en la infancia estuvieron siempre bañados por todo lo que implica lo agreste, la barbarie dirían algunos intelectuales de su época. El tiempo y las ganas (en estos casos es mejor hablar de necesidad) por dedicarse a este monstruo llamado arte lo obligaron a viajar a la ciudad de Santiago en 1895, con la idea de dedicarse profesionalmente a la creación de afiches y a la pintura decorativa, sin embargo, primero que todo tuvo que trabajar para sobrevivir, no olvidemos que la carencia, la pobreza y el hambre en el campo, así como en el litoral es totalmente diferente a la que se vive en la metrópolis, donde todo cala con la frialdad que ofrece el cemento. En esa dinámica Rebolledo no tiene más alternativa que vivir en un barrio obrero y realizar labores de obrero, él trabajaba duro, pero sólo pensando en un único objetivo, tener la posibilidad de ingresar a la Escuela de Bellas de Artes, cuestión que a la larga logra antes de cumplir los 18 años, allí fue un alumno que intentaba aprovechar cada minuto que tenía frente a los modelos, a las telas, a los papeles y a los profesores, entre los que se encontraban Pedro Lira y Juan Francisco González. La vida de carestías, de sacrificios en los barrios obreros lo acercó también al mundo de la literatura allí, conoció a Emile Zola (exponente del naturismo), a Tostoi (y los rusos en general Doiteviesky etc.) Thoreau, Jean Grave. Benito así no solo lee muchas de estas grandes obras (y que también lo podemos encontrar en sus obras como influencia) sino que también las vive y encarna, practica una vida de deportes, será boxeador, practicaba regularmente salidas campestres, comerá muy sano también, todo esto bajo un marco social que impregnaba todo este bajo mundo de obreros y arrabales, sus obras presentaban justamente eso la crudeza ya sea de la ciudad del campo o del litoral, será exponente con sus cuadros la denuncia de la mal llamada cuestión social, finalmente todo ira cuadrando en la juventud de Benito entorno a las ideas anarcocristianas tan presentes en aquellos círculos de por entonces, hacia 1905 integra la llamada “colonia tolstoyana” colonia de comunidad anarquista, abstemios, con votos de castidad y practicando el vegetarianismo. Junto a otros hombres de las letras y de la pintura chilena como fueron Augusto D’Halmar, Fernando Santiván y Julio Ortíz de Zárate, más tarde integraran Luis Olea y otros tantos obreros y obreras en la comuna de Pio Nono. Sus pinturas así no solo encarnaban el ambiente lúgubre de los barrios obreros sino que también la luz emana de las ideas de comunidad, libertad y bien común según la moral cristiana primitiva, será por supuesto un movimiento contracultural (muy a la chilena) por ejemplo podemos encontrar que con la generación del 12 encarnan una polaridad extrema mientras unos imbuidos en la vida bohemia y viciosa representadas en escenas opacas y de un sentido refinado por las clases altas, Benito en pintura y Santiván y otros en las letras encarnan la luz de un nuevo camino, con un nuevo sentido práctico de vida, las escenas nudistas, de niños jugando, o la frivolidad del trabajo de una vendedoras de frutas cargadas en un burro, horrorizaban no solo al público que consumía el arte en general en chile, o sea los más acomodados, rebajando así el contenido del arte, un arte que en Benito asume escenas de la vida cotidiana de la gente común y silvestre. Su arte impacto con desagrado entre las gentes refinadas que consumían al estilo francés, también por supuesto horroriza a los críticos y en general al establishment de las artes de esos años, el museo de bellas artes precisamente. “Éramos iluminados por una luz mística: el amor a la Humanidad. Sobre todo a los humildes, a los pobres, por los que luchan sin esperanza, por los que mueren sin haber tenido jamás una satisfacción de verdadera vida” . En este contexto de vida e ideas, el autor compone “niños en la playa” que es una obra asombrosa, tanto por la simpleza de la temática, como por la profundidad con que el autor retrata lo que pudo haber sido una escena cualquiera entre niños, el autor refleja con sinceridad y elocuencia la vida, al natural, sin grandes recargos, con la simpleza de unos niños jugando, con la complicidad del advenimiento de un futuro mejor para todos, es tanto un tiempo vivido como un porvenir deseable.

Niños en la playa, 1905.