Futbol, cultura y negocio

Publicado en Periodico Acracia Nº36, Noviembre 2014

“La mayor derrota posible haciendo política es abandonar un escenario de posible debate por no sentirse cómodo. Hagamos autocrítica. Si existe un fútbol que es el opio del pueblo, construyamos otro que no lo sea. Porque nos guste o no, en la utopía socialista, por muy anarquista que llegue a ser, también habrá una liga de fútbol.”

Íñigo Arza

futbol anarquista

Siempre encontraremos a alguien que haya disfrutado un partido de fútbol, ya sea jugándolo u observándolo, pegar patadas a una pelota es algo muy esencial que entre las personas resulta casi involuntario, quizás ha de ser una de las razones por la cual el fútbol es uno de los principales entretenimiento de la humanidad.

El fútbol profesional, el fútbol administrado por la minoría selecta, se ha convertido en uno de los mercados que más dinero mueve a nivel global, nos invaden con una gran publicidad que va desde empresas patrocinadoras en las calcetas de los/as jugadores/as, en las gigantografías fuera de los inmensos estadios que nos ofrecen ver los partidos en la televisión de último modelo cómodamente sentados en el living de nuestra casa, las canchas llenas de publicidad de leds ofreciéndonos productos que para el desarrollo del fútbol y para nuestras vidas (la mayoría de las veces) son innecesarios. También apreciamos los negocios de los clubes por “sus” jugadores/as ofreciendo cantidades de dinero estratosféricas para adueñarse del pase de los/as jugadores/as, que estos/as, viendo el gran aumento de sus bolsillos, no hacen más que aceptar y deleitarse en este negocio.

Pero, más allá de esto, ¿Por qué cedemos el fútbol a las grandes internacionales y los grupos de élite? ¿Por qué renunciamos (en la mayoría de los casos) a la lucha por recuperar este hermoso deporte de la clase? El fútbol que vemos por televisión no representa el universo total de esta disciplina, sino un pequeño porcentaje. Sin embargo solemos llamar fútbol solamente a ese que sale en los medios de televisión por cuatro horas al día, a ese comercio en donde el balón, el/ la jugador/a y el/la aficionado/a es lo de menos.

Los/as anarquistas y socialistas atendieron pronto a este deporte que causaba gran pasión entre los/as obreros/as. El movimiento obrero asumió la popularidad del fútbol y supo apreciar su capacidad socializadora. Y fue entonces, que empezaron a surgir clubes de fútbol populares, como: Mártires de Chicago (región argentina, actual Argentino Juniors) fundado en 1904 y bautizado así en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. Chacarita Juniors (región argentina), nació en una biblioteca libertaria y sus colores: rojo por el socialismo, blanco por la pureza de sus miembros y negro por el anarquismo. Independiente (región argentina), este nombre lo eligieron los/as empleados/as argentinos/as de una gran tienda inglesa, a los/ as que no se les permitía integrar el equipo de la empresa y por ello se declararon “Independientes de la Patronal”. Defensor Sporting (región uruguaya), “los muchachos de la fábrica y algunos/as vecinos/ as decidieron armar un equipo de fútbol y comenzaron a entreverarse en los picados domingueros desde 1906. En tiempos de conflicto y huelga se denominó: “Defensores de la Huelga”. St. Pauli (región alemana), su historia data desde 1910 el club se caracteriza por identificarse con el anarquismo, el comunismo, el socialismo, el antifascismo y la diversidad sexual. Y así suman y siguen los clubes de fútbol populares. Hoy, a un siglo de estas fundaciones apenas hemos avanzado en estos aspectos, nos quedamos en la posición de tildar al fútbol de elitista y paternalista, lo rechazamos y punto, la falta de propuestas sociales han dejado al/ la burgués/a el camino listo para entrometer sus manos.

Uno de los principales debates alrededor del fútbol actual, se basa en la mercantilización o no de las entidades deportivas. Los clubes de primera o segunda división son Sociedades Anónimas, empresas mercantiles con un/a accionista mayoritario/a y cuyo negocio es el deporte.

A esto le sumamos la falta de organización de los/as mismos/ as apasionados/as de este deporte, sumidos/as en el consumo del producto de su club (camisetas, buzos, chaquetas, gorros, bufandas, ropa interior y lo que se le pueda ocurrir al/la capitalista a cargo), no logran sacar de la cabeza que el/la hincha del otro club es igual a él/ella, pertenecen a la misma clase y que el termino antifascista debe ir más allá de lo bonito que se ve escrito, debe ejercerse en la práctica, ya que ambos seguramente anhelan sacar la S.A apropiada de su club. Las peleas y rencillas entre fanáticos/as de distintos equipos solo trae consigo el orgullo de imponer la fuerza por sobre el/la otro/a y la nula capacidad de organización como clase, que es lo que trata de mantener la clase explotadora, hoy dueña del fútbol profesional.

Ahora queda llevar todas esas palabras a la práctica, el antifascismo del/a hincha por su club, enfocar el objetivo hacia colaborar activamente entre nosotras/os, aficionados/as de la clase explotada y/u oprimida, fomentar el desarrollo de nuestras comunidades en torno al club, proponer gestiones asamblearias lo más participativa posible, y oponerse al negocio, el dinero y las victorias deportivas, dando cuenta que hoy es lo más importante para un club.

El fútbol se transformó en un producto líder del mercado, un elemento al cual se lo prostituye hasta más no poder, pese a eso debemos plantear la reflexión y a replantear los valores que este nos da

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