Manuel Rojas en la Barricada

Por Mate Amargo
Publicado en El Anárquico Nº3, Marzo 2015

manuel rojas en la barricada

Mi primera aproximación a la literatura de Manuel Rojas fue en el colegio, donde tuve que leer Hijo de Ladrón para una prueba obligatoria que en nada se diferenciaba a otras del ramo. Probablemente la experiencia de muchos sea similar. En esa ocasión muy poco me hablaron sobre la figura de este renombrado escritor, sólo mencionaron el Premio Nacional de Literatura que había ganado. Años más tarde empecé a adentrarme más en lo que realmente fue Manuel Rojas, leí varios de sus cuentos, novelas y poemas y llegué a comprender el enfoque social y crítico de sus relatos, es decir, el verdadero sentido de su obra.

Esto suele suceder bastante con la figura de Manuel Rojas, quien es material de lectura obligatoria en muchos colegios y establecimientos educacionales donde se le muestra más como uno de los orgullos literarios de Chile que como lo que realmente fue. Así es como su potencia escritural y biográfica sólo pasa a ser el título de un libro entre los varios que es necesario comprar para el año. Sin embargo, al leer sus escritos literarios encontramos inmediatamente un sabor distinto, una sensación de amargura y de crítica hacia la realidad que se nos muestra.

Su obra más conocida y la que usualmente nos hacen leer en enseñanza media es Hijo de Ladrón y trata sobre la vida de Aniceto Hevia, un hombre marginal, cuyo padre fue ladrón y que lleva su condición social alojada en la sangre y la mirada. A través de él podemos entrar en el mundo de la marginalidad, lo errante y el resentimiento. De hecho, la novela comienza cuando Aniceto sale de la Cárcel de Valparaíso e inicia un profundo cuestionamiento sobre las razones que lo llevaron a la prisión. El resultado es una potente crítica a la sociedad, su moral y su hipocresía.

En realidad, la academia y la institucionalidad educativa siempre nos ha ocultado al otro Manuel Rojas, es decir, al ácido escritor, convencido anarquista, enemigo de las nociones de Estado, nación y religión y que siempre estuvo de parte de las luchas de los oprimidos, incluyendo aquellos actos de violencia que a veces resultan tan alejados y polémicos para la gente acomodada en las letras. La verdad es que Manuel Rojas tenía una posición férrea y una convicción inquebrantable ante su época.

Es por ello que si queremos escarbar en la trayectoria literaria de este personaje, debemos remitirnos inmediatamente a sus primeros escritos públicos, los cuales aparecen en el periódico anarquista La Batalla que funcionó a principios del Siglo XX y en el cual un joven Manuel Rojas se explaya sobre diversas temáticas políticas, sociales y literarias con una convicción y un posicionamiento que no dejan de sorprender por su radicalidad y que además nos evidencian que este genio literario estaba mucho más involucrado en el entorno ácrata de lo que comúnmente se muestra.

Por no ir más lejos, es de importancia mencionar que el primer escrito que Manuel Rojas publicó en el periódico La Batalla corresponde a un texto que trata sobre Efraín Plaza Olmedo, controvertida figura del anarquismo que armado de un revólver se dirigió a una de las calles burguesas más concurridas del Santiago de aquellos años y disparó contra quienes reconoció como el símbolo de la oligarquía privilegiada. Efraín permaneció largo tiempo encarcelado y suscitó la simpatía y solidaridad de un amplio sector del movimiento obrero y anarquista, así como también tuvo varios detractores y agudos críticos. En su texto, Rojas entrega su más sincero apoyo a la acción de Plaza Olmedo y reivindica su condición de compañero:

“Y vosotros ¡Oh Sarcasmo! ¿Queréis esperar de este individuo, gemidos, lamentaciones y ruegos? ¡No! De ese hombre y de muchos más, sólo esperad rugidos, salivazos y acción ¡Hermano! Te llaman asesino los idiotas y nosotros te llamamos justiciero.”

En el escrito además se hace referencia a la Banda Bonnot, grupo de anarquistas franceses que realizaron varias acciones de expropiación y se enfrentaron tenazmente contra la policía en variadas ocasiones y sobre los cuales finalmente cayó la mano voraz de la ley. Para Manuel Rojas, según su escrito, esta banda sería un ejemplo de anarquistas unificadores del gesto, la idea y la acción.

Otro tópico recurrente en los escritos de Manuel Rojas para La Batalla es la conmemoración de varios anarquistas muertos en variadas circunstancias, a los cuales conoció y rindió homenaje en sus escritos. Ejemplo de ello es el caso de Daniel Antuñano, proveniente de las tierras dominadas por el Estado Argentino, difusor de las ideas ácratas en varios países de Latinoamérica y escritor en La Batalla que murió trágicamente al ser arrollado por un tren. Sobre él Rojas escribió:

“Le han hecho un entierro. Al lado de él muchas voces hermanas entonaron cantos de amor y fraternidad. No merecía otra cosa. Cantos, cantos porque también fue un cantor del ideal, un cantor de alma grande que convencía con sus serenos ojos de apóstol, con su sonrisa de ingenuo.”

Además de su colaboración en La Batalla Manuel Rojas también colaboró con el periódico anarquista La Protesta, editado en la ciudad de Buenos Aires. Posterior a estos inicios en la prensa comienza su carrera literaria, siendo su primera publicación el poema “El Gusano” que apareció el año 1917 en una revista literaria de la época. El poema es una bella y sabia reflexión de vida desde el punto de vista del autor:

Lo mismo que un gusano que hilara su capullo,
hila en la rueda tuya tu sentir interior;
he pensado que el hombre debe crear lo suyo,
como la mariposa sus alas de color.

Teje serenamente, sin soberbia ni orgullo,
tus ansias y tu vida, tu verso y tu dolor.
Será mejor la seda que hizo el trabajo tuyo,
porque en ella pusiste tu paciencia y tu amor.

Yo, como tú, en mi rueca hilo la vida mía,
y cada nueva hebra me trae la alegría
de saber que entretejo mi amor y mi sentir.

Después, cuando mi muerte se pare ante mi senda,
con mis sedas más blancas levantaré una tienda y,
a su sombra, desnudo, me tenderé a dormir.

Luego se sucederán varias publicaciones, así como el reconocimiento de varios de sus escritos. Destacan la publicación de su primer libro de cuentos titulado Hombres del Sur en el año 1927 y el segundo titulado El Delincuente en el año 1929, donde aparece su célebre cuento El Vaso de Leche, donde un joven pobre, errante y hambriento llora de rabia ante un vaso de leche que tomó en un negocio sin tener el dinero suficiente para pagarlo.

La primera novela que publica es Lanchas en la Bahía escrita en 1930 y publicada dos años más tarde. El año 1951 Manuel Rojas publica su obra Hijo de Ladrón, la cual es considerada uno de sus trabajos más importantes y que es seguida por otras tres novelas que en conjunto cuentan la historia de Aniceto Hevia. La última de esta tetralogía es La Oscura Vida Radiante, que es a su vez su último escrito, publicado en el año 1971 en Argentina y prohibida en Chile por la Dictadura de Pinochet hasta el año 1982 debido a su contenido crítico.

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Manuel Rojas muere en marzo del año 1973 cuando tenía 77 años de edad, dejando un grandioso trabajo literario y social y una feroz crítica hacia la sociedad y el contexto de su época. Además de sus escritos políticos en los periódicos anarquistas, encontramos en su trabajo literario una aguda crítica expresada a través de sus personajes, la mayor parte de ellos pobres, marginados, proletarios, anarquistas y ladrones. Una verdadera fauna de individuos que deambulan por las historias de este escritor y que evidencia de qué lado de la barricada está Manuel Rojas.

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