Formas de lo politico: El fetichismo por el poder.

politica mostruoLa siguiente sección pretende realizar distintos análisis sobre “las formas de lo político” y su relación con la anarquía. Así se verán distintas nociones, más o menos extensas sobre distintos pareceres, reflexiones y análisis de los fenómenos denominados como políticos. La presente columna analizara unos avatares del poder, concepto que nos evoca a los anarquistas una serie de resquemores profundamente bien fundados y afirmados en la experiencia y en la práctica. No obstante en los últimos años una fuerte corriente de opinión en el ceno libertario a vuelto a enarbolar las pesadas banderas del poder popular y la conquista del poder.
No obstante lo anterior, veremos (por ahora) exclusivamente el poder en su manifestación política tradicional del término, no discutiremos cuestiones epistemológicas y etimológicas del término.
Sea el pregón de “la conquista del poder” o “poder popular” o “poder a las bases” o “proletarios al poder, estos eslogan retumban profundamente en el pecho de los jóvenes que enardecidos de convencimiento son capaces de las acciones más heroicas o de la crueldad gratuita. Quienes emiten estos eslóganes, afirman que solo mediante esta llave mágica se podrán abrir las puertas del futuro venturoso.
Como suele ocurrir con lamentable frecuencia, los “eslóganes” de esta naturaleza nacen con fines revolucionarios, pero también se prestan dócilmente a fines reaccionarios. No es fácil descubrir a simple vista cuando la ficción revolucionaria encubre fines reaccionarios; pero en último análisis, estos llegando a la conquista del poder e instalados en él, lo más frecuente es que Revolución y Reacción se confundan como hermanos siameses. Es que en los dominios de la praxis, la lógica suele ser contradictoria de la otra, no obstante el ideal punto de partida común.
Esto visto a la luz de la evidencia histórica que nos ha legado esta lógica, ya que habrá que convenir en que merecen el calificativo de revolucionarios quienes cultivan esta noción autoritaria y unitaria del poder. Esta consigna revolucionaria de “conquistar el poder”, la realizaron los fascistas de Mussolini, los nacionalistas de Hitler, y los bolcheviques de Lenin, Trotsky y Stalin.
No obstante una vez conquistado este, comienza el drama del poder, su mantención y defensa, ya que deberán afirmarse en su posición, siendo los argumentos básicamente los mismos, independiente de lo vario pinto de su color político, y estos son la imposición sistemática de sus criterios absolutistas, el fraile Campanello allá por 1600 afirmara “La razón de estado es un aforismo inventado por los tiranos”…
Para mantenerse en el poder violentamente conquistado nunca faltan buenas razones “históricas” y de las otras, razones que obedecen a necesidades faltamente impuestas por las circunstancias, máxime cuando una minoría temerosa tiene consciencia que le falta una sólida base de sustentación popular espontanea; lo que suele ocurrir con los movimientos llamados populistas o populares. Cuando el pueblo no demuestra voluntaria adhesión al poder revolucionario, los que están en el ejercicio del dominio se autojustifican diciendo que el pueblo no tiene todavía conciencia de la hora que vive; razonamiento que no osa expresar en público ningún populista que se precie. De aquí la necesidad de una dictadura que por razones de eficiencia ejercerá una “elite” partidaria, la cual, a su vez, por razones de técnicas creara un jefe, un conductor, un líder, un héroe para el consumo interno.
Las huestes organizadas en partidos para fines revolucionarias, presa de natural impaciencia eligieron el camino corto del poder. Pero la experiencia demuestra de inmediato que el poder revolucionario no es la revolución. Cuando la embriaguez del éxito fulminante se disipa y la conciencia crítica se acaba, se descubre que el poder concebido como medio se convierte en un fin; que allí se cristalizan otros intereses imprevistos y echan raíces otras emociones insospechadas. Por lo general, si el análisis crítico se ahonda, se descubre que el poder es la contrarrevolución, por más que desde el poder se acuse de contrarrevolucionario a todo movimiento o juicio personal discrepantes, no importa si esta discrepancia tiende precisamente a reivindicar los ideales y los métodos genuinos de la revolución abandonados en el camino.
El fetichismo de la conquista del poder forma parte de la revolución política antes que la social; tiene ante sus ojos la imagen hechicera del estado antes que la visión concreta de la sociedad.

CDC