(ACRACIA 58) Articulo: El resurgir libertario en la región cubana

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La vida es una azarosa combinación de malas decisiones, influidos por sistemas de vida totalitarios, que hacen de nuestras vidas unas meras marionetas para sus intereses, comandadas por hilitos a voluntad. Las ideas y experiencias anarquistas alrededor del mundo, también sufren por semejantes ataduras, no obstante, también está a merced de esos locos impredecibles que se dicen ser anarquistas, la mayoría de las veces solo por buena voluntad al bien común. Esos locos anarquistas que hacen del mundo su hogar, y su vida, un eterno errar llevando el deseo de la libertad hasta la última región.

Es por estas pocas mentes errantes pero decididas que se logra de hecho reconectar todo un sistema de pensamiento que se escurre hacia el vasto océano del entendimiento sobre la necesidad de la libertad…

Pero vamos al grano, tras la experiencia de los años 20´s y 30´s en Cuba como en muchos otros lugares, el anarcosindicalismo como movimiento social declina dando paso a vertientes comunistas autoritarias. Tras la revolución de 1959 los últimos anarquistas son perseguidos y más de uno ejecutado. Sus libros confiscados y destruidos. Estableciendo un régimen totalitario que vela desde entonces por ser quien provea todo lo relativo a lo cultural, monopolizando para si dicha curricula e implementación.

En el mundo mientras tanto, durante los 80´, tras el surgir del mundo punk en occidente, resurge lento de alguna forma las ideas y practicas anarquistas de la mano de estos. Así al despuntar los años 90´s en occidente se visualizaban un mundo de cambios y transformaciones. Caía el muro, caían la mayoría de los regímenes militares en américa latina. Menos el impertérrito régimen castrista en Cuba.

En la isla, los noventas fue una época de grandes privaciones para el pueblo cubano, la mayoría de sus socios comerciales que respaldaban al régimen ya ni existían. En buena medida la carestía se vivía hondamente entre la población en general, y el gobierno era incapaz de sostener el aparataje estatal, el cual hubo que desmontar en alguna medida. Se llamó “periodo especial”.

Entonces reviviendo los conocimientos antiguos buena parte de la población utilizó cuanto metro cuadrado de tierra, tenía disponible, para probar suerte tirando unas semillitas, estas con sus debidos cuidados crecieron y permitieron al pueblo cubano apalear al hambre que amenazaba, frente a la indiferencia mundial. Mientras tantos otros se montaban en todo lo que pudiese flotar en dirección a Miami.

Este contexto fue tierra fértil para las personas tuviesen que vivir el peso de la revolución, nuevamente. Pero de forma diferente, ya no con la rabia y la violencia de antaño. Esta vez era al mismo tiempo un punto de inflexión para aumentar las practicas comunitarias que de hecho no caminaban a la par de lo dictaba el estado.

La educación cubana comenzaba a gozar de cierto prestigio por su calidad e iniciaba un duro camino a posicionarse en este campo, para atraer estudiantes latinoamericanos.

En medio de este tenso, caliente y siempre cálido ambiente cubano se entre cruzan las vidas de quienes harán de las inquietudes de las ideas y practicas anarquistas, una realidad y podamos estar aquí tratando de esbozar con fragmentos, recuerdos, apuntes y otros registros (y la verdad declarándome un completo ignorante en general sobre el anarquismo en Cuba). Este retorno del anarquismo al sentir del cubano en la actualidad.

Es así como el eterno movimiento y circulación que mantiene en actividad al universo. La eterna necesidad de consuelo, experiencias y vida, llevo a que desde Moscú y Valparaíso fueran a parar dos personajes que serán fundamental para un tercer personaje, de la Habana. El primero un joven de padres migrantes en la Unión Soviética. La perestroika y la glasnost tenían enfrentados al viejo régimen con los nuevos vientos. Así Dimitri se curtirá en la escena punk de los suburbios de Moscú, donde la represión era severa, se fueron colando entre folletos y zines pequeños textos de otros locos ácratas, libertarios y antiautoritarios. El movimiento era naciente y promisorio, se juntaba no por mera casualidad en la Estación Kropotkin. De tocata en tocata de zine a zine, de ocupación en ocupación, de repente todo colapsó, el sueño socialista caía pesado como una pesadilla en la mitad de la noche.

En el polo opuesto, en la costa pacífica sur del continente americano, la situación no era mejor. Pinochet no daba muestras de querer terminar con su régimen de crueldad y neoliberalismo, y en las poblaciones y cerros de Valparaíso lo sabían bien, todos los días había una pequeña emboscada, alguna bestialidad de la policía, los jóvenes se organizaban, decían ya no tener más miedo, y apenas premunidos por piedras y poleras en los rostros enfrentaban al tirano, mientras unos pocos pactaban una “transición a la democracia” que fue la capitulación y traición más horrenda que hubiera vivido el pueblo chileno para sellar el fin de la dictadura.

El punk también se sellaba como el movimiento predilecto de los jóvenes sedientos de cambio, que cambie cualquier cosa, no sé qué, pero que cambie. El futbol, el estadio el gran lugar de encuentro para los jóvenes y descontentos, así pasaron los primeros años de la nueva democracia entre puros cuentos, privatizaciones y tratados de libre comercio, y exactamente la misma represión. Aparecían de cuando en vez libros de la Proyección de argentina y luego hubo en chile la Espíritu Libertario, libros que fueron curtiendo el espíritu de Sebastián; Kropotkin, Fauré, y tantos otros. Un día la necesidad y el cuento de los estudios, le abren la posibilidad de irse a estudiar a Cuba, no lo piensa dos veces.

En la isla de Cuba, en la escuela latinoamericana de medicina, un cansado, agobiado pero digno profesor se dirige al aula, lleva la cabeza gacha, la paga apenas alcanza, el amor estaba bueno, pero daba para más, discurría su vida invariable como una mala novela tropical la vida de Mario entre muchas responsabilidades, pocos lujos y nada de dinero, pero nada para echarse a morir, en la Habana todo podía ser mejor de la noche a la mañana. Era difícil ser profesor en la Universidad para un afrodescendiente en la sociedad cubana, tendemos a creer que está allí no existe, y claro no a nivel institucional pero aun así se respirar racismo miradas, malos comentarios asechan la Habana, el pueblo yace inerte con algo de miedo y hambre, pero por sobre todo no desean el imperialismo yankee. Muchas veces se puede no saber lo que se quiere, pero saber qué es lo que no se quiere es todo un logro.

Aquí no hay nada de eso de modas musicales de nuevos tiempos ni nada, ni punk ni pop, solo lo que dicta el inmutable régimen y su implacable ministerio de la cultura. Sin embargo, no hay mucho que envidiarle al mundo, el son de la música es exquisita en la isla y ha alcanzado un refinamiento y sensualidad que se lo quisieran las productoras capitalistas. Aquí en la Habana, donde tu vecino, puede ser tu enemigo, donde los barrios tienen enormes panópticos sociales que permiten mantener un férreo control sobre las ideas. No había mucho de algo, pero con lo poco, ya bastaba. La carestía de la vida se volvió un ethos palpable en los deseos y aspiraciones de la gente, esas aspiraciones sencillas más acordes a una vida modesta, por las mismas constricciones del sistema.
Continuara.

Cristian Del Castillo.

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