(Acracia 59) Presentación del libro “la organización y la cultura” de Juan 2do Montoya

Juan Segundo Montoya fué un gran luchador y organizador ácrata, teniendo sus principales actuaciones en la zona centro y sur del país. Allí a finales de los 20´s llegó huyendo de la represión ibañista a la sureña Osorno, donde tapados con ramas en los campos logró evitar la cruel policía que el dictador había formado. Participó activamente en su derrocamiento, y apenas derrocado este, se avocó a la organización de las y los trabajadores en el sur, fue director del periódico “Vida Nueva” (1934-1942), uno de los más longevos periódicos en la región chilena. En sus páginas destacaron las temáticas sobre las prácticas del autocuidado de la salud, la alimentación naturista, pueblos indígenas, reflexiones sociológicas etc. “Vida Nueva”. La enorme capacidad y despliegue del negro Montoya lo llevaron a ser secretario de la FOLO.
Estas páginas, salían publicadas al tiempo que caía la dictadura de Ibáñez, y las mermadas y golpeadas fuerzas anarquistas y anarcosindicalistas se volcaban a reorganizarlo todo. Comunistas y Socialistas habían engrosado sus filas gracias al ataque sistemático que realizaban junto a las fuerzas políticas de derechas para desacreditar a los libertarios y sus precarias organizaciones organizadas en base al apoyo mutuo, la cooperación y la voluntariedad.
Este libro, es sin duda fundamental para considerar el particular desarrollo que tuvo el anarquismo de Temuco al sur de la región chilena, ya que este se desarrolló con una expresión bastante particular, y que no se dio en otros territorio justamente por las actuaciones de anarquistas como Montoya, Solis, Rojas, Pizarro o Schilling. Al respecto el considerado abuelo del anarquismo español Anselmo Lorenzo comenta:
La misma variedad de la idea anarquista que presentan sus expositores y defensores prueba la vitalidad del anarquismo, porque cada diferencia representa, más que diversidad de doctrina, particularidad de apreciación por efecto de circunstancias especiales de ocasión, de temperamento, de sensibilidad y de consiguiente orden de juicios propios de cada individuo” (Lorenzo 1916: 11).
Para entender las diversas confluencias de ideas y prácticas en el seno de los ácratas y libertarios, debemos entender al mismo tiempo los contextos socioculturales y territoriales con los cuales interactúa, por ejemplo del sur de estos años nos cuenta José Santos González Vera:
“En incidentes callejeros si se han juntado veinte cristianos 12 son de ojos azules y rasgos germanos. Hay varias librerías alemanas y una con libros en español. El alemán o su descendiente posee los grandes comercios, los vapores, las industrias, los fundos, todo lo que es determinante.
Los aristócratas valdivianos conservan la primacía en los servicios públicos. El pueblo está formado por chilotes y gentes del norte. Militan los germanos en los más opuestos partidos, de una familia de 4 varones, uno es conservador, liberal el otro, el tercero radical y el último independiente. Empero, el fenómeno político lo domina solo el criollo de sangre española.
Aunque las autoridades dependen del gobierno central, los alemanes mandan. Es algo de hecho. Ellos han engrandecido y dado espíritu a la ciudad. Su empuje arrolla”. (González 1956:180).
Así la particularidad del sistema de propiedad de la tierra, gatillado por inmigración alemana y el intento sistemático por reducir a los pueblos mapuche huilliche y tehuelche, por parte del estado, habrían influido considerablemente en cómo les anarquistas del sur interpretaban las cuestiones de la vida y actuaban frente a la misma.
Así estas páginas de Montoya reflejan la crudeza de un anarquista autodidacta, y que en su pluma yace la completa y profunda visión de lo humano, la asociatividad y lo político, que este tiene. Fenómenos de trascendental importancia, y que son constitutiva de grandes ciencias que realizan sendas investigaciones, y que además en el seno de las organizaciones revolucionarias han tenido diversas connotaciones, que han arrastrado a millones de personas a luchas fratricidas.
Otro anarquista autodidacta como Rudolf Rocker sostendría similares discusiones teóricas en su voluminosa obra “Nacionalismo y Cultura” (1936), donde las discusiones sobre la importancia de la dimensión de acción del anarquismo radica directamente actuando sobre los patrones de la cultura:
El estado solo se muestra favorable aquellas formas de acción cultural que favorecen la conservación de su poder; pero persigue con odio irreconciliable toda manifestación cultural que va más allá de las barreras por él trazadas y puede poner en litigio su existencia. Por eso esta tan absurdo como engañoso hablar de una cultura del estado, pues el estado vive siempre en pie de guerra contra todas las formas superiores de la cultura espiritual y actúa siempre en una dirección que la voluntad creadora de cultura elude forzosamente” (Rocker 1936:128).

Puesto que solo la cultura es creadora, no así el poder que es completamente infecundo y solo es capaz de torcer la voluntad, así de acuerdo a la particular visión de ambos, el anarquismo no discurre por la mera organización política, sino más bien debe recrear todo el sistema cultural del mundo nuevo que las y los anarquistas construyen todos días, buscando soluciones al desastre social que nos arrastran los estados y el capitalismo. En esta línea Gustav Landauer nos aclara:
se puede arrojar una silla y rompen una vitrina, pero solo los parlanchines holgazanes consideran al Estado como algo o un fetiche que se puede golpear para destruirlo. El Estado es una condición, una cierta relación entre seres humanos, un modo de comportamiento entre personas; lo destruimos al asumir otras relaciones, al comportase de manera distinta con los demás (…) Nosotros somos el Estado y seguiremos siéndolo hasta que hayamos creado las instituciones que conformen una verdadera comunidad y sociedad” (Landauer 1973/1910: 226).
Así el anarquismo es el mero portavoz de las ideas de libertad e igualdad, y no su dogma. Mujeres y hombres van así creando y recreando constantemente con las propias
emergencias de lo cultural, lo étnicos y las identidades, al tiempo que se preguntan por el poder, la autoridad y la violencia. En palabras del negro: “hay que cultivar las organizaciones de carácter libertario, que fundan los hombres, inspirados en los altos ideales de solidaridad humana: sobre las ruinas de este mundo viejo, carcomido por los vicios y por sus instituciones anacrónicas, tenemos que formar mundo nuevo, donde los hombres y las mujeres vivan como compañeros espirituales trabajando en el hogar y en el seno de la sociedad” (Montoya 1931: 22).
Así el anarquismo no podrá ser jamás un decálogo tallado en piedra, sino que siempre será aspiraciones de las generaciones venideras, cada una teñida de sus propias particularidades, intereses y aspiraciones, que hacen de la anarquía una experiencia vivida en las calles, en la protesta y en la solidaridad, discutida al pie de la asamblea, defendida en la barricada y propagada por contagio.

marcharemos siempre con optimismo, ayudaremos y no detengamos con nuestra indiferencia el avance de la organización, la organización que sea un foco de cultura alumbrando el camino de los desheredados de la fortuna” (Montoya 1931:23).
Cristian Del Castillo M.

negro-portada

 

 

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