Maüñimin II: El federalismo histórico mapuche (Acracia 63)

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El arribo de los primeros conquistadores españoles en el Ngulumapu alrededor del año 1536 encabezada por Diego de Almagro, encuentra un territorio fracturado políticamente debido al fin de sesenta años de ocupación incaica, caracterizada, por una serie de luchas que desangraron el valle central por las disputas políticas que se suscitaron entre las autoridades burocráticas incaicas y las autoridades que anteriormente habían aceptado la autoridad político-religiosa del Sapa Inca; al parecer esta amarga disputas continuaron hasta mucho después de que Almagro abandonará su iniciativa de conquista al no encontrar oro, finalmente, el kuraka de Mapocho Wilka se alineó con la expedición de Pedro de Valdivia con el fin de mantener su estatus político en un imperio prácticamente inexistente. Tras diez años de guerra sin tregua los winka terminan anexando el valle central, anteriormente, Wilka había intentado extender la frontera del Maule, pero, esto fracasó en gran medida gracias a la intervención política longko Kolo-Kolo quien se dice era “señor” de Cañete, ya de avanzada edad era koyantufe y con un dominio de ragiñelwe o la capacidad de solucionar conflictos, anteriormente, había derrotado las fuerzas de Wilka alineando a los territorios de Tukapel, Purén y Penco, posteriormente, luego de un koyantün celebrado en Cañete se eligió a Kurriñanko longko de Puren Toki para enfrentar a Pedro de Valdivia en la batalla de Andalién que duró un día entero, en el ardor de la batalla los wingka parecían vencer, pero, el mismo Kurriñanko decapitó a Wilka dando un vuelco al desarrollo de la batalla.

Los dos años posteriores a la victoria de Andalién son más bien breves, los españoles encabezados por Pedro de Valdivia protagonizan la batalla de Penco derrotando a los weychafe de Kurriñanko, además de asesinar a este último, toman prisioneros a muchos cautivos incluyendo al hijo del difunto Toki, Leftxarü. Posteriormente, Valdivia funda una serie de ciudades y fuertes, lo que consolidó la presencia ibérica en el Ngulumapu, a diferencia del Puelmapu donde una colaboración de los Tupi Guaraní, Charrúas y Querandíes (nombre Guaraní para denominar a los puelche de la pampa) aseguró el sitio y posterior destrucción de la joven Buenos Aires refundada recién en 1580; bajo estos parámetros, hay que definir que los habitantes del Ngulumapu reaccionaron de dos formas frente a la presencia wingka, una era combatirlos al considerarlos extranjeros y otra era aliarse, pero, ¿Por qué? La respuesta es sencilla, la lógica de alianzas (política, religiosa, económica, etc.) solo se desarrollaban con territorios colindantes o bien con familias que compartieran un mismo origen, por lo que la gente proveniente de otros espacios ajeno era vista con desconfianza, es decir, si existía la posibilidad de emprender un malón se privilegiaba la autonomía de los weychafe de un territorio, antes de generar un koyantün con gente extraña. Al parecer, este fenómeno les otorgó una ventaja innegable a los wingka, como, por ejemplo, en la fundación de la ciudad de Valdivia los españoles recibieron el apoyo activo de las familias oriundas de Marriküpan, un territorio encabezado por diez longko, alineados con los williche de Wenü Leüfü (Río Bueno) encabezando una guerra en contra de los molüwe de Pukatriwe, Pilmayken y Chaurakawin.

Irónicamente, lo que generó la invasión española fue una guerra fratricida, lo que a la postre desarrollaría dos fenómenos importantes; el primero la migración producto de la guerra hacia la cordillera y segundo un cambio político dentro de la fragmentada sociedad nguluche, donde aparentemente las alianzas familiares tradicionales que se generaban habitualmente para las guerras internas no serían suficientes para enfrentar a un enemigo tecnológicamente superior, bajo estas circunstancias, Kolo-Kolo quien ya sabía perfectamente las circunstancias en las que habían caído los quechuas en Perú (esto gracias al sistema de comunicación del camino del Inka y los chasquis), entendió que si las disputas o guerras internas se mantenían, la labor de los españoles para conquistar el resto del Ngulumapu sería relativamente fácil, por ende, la solución planteada por este longko fue organizar un füxa koyang que involucraría a todos los longko y weychafe que se oponían a los winka, eligiendo como Toki general a Kallfüllikan longko del molüwe de Pilmayken y descendiente de Kintuante. Aparentemente, esta frágil alianza tuvo resultados positivos a corto plazo, tras la destrucción de los fuertes de Arauco, Tucapel y Purén, las huestes de Valdivia en socorro de los soldados de Tucapel son emboscadas y el Gobernador es ultimado. Posteriormente, luego de la victoria sobre las fuerzas de Francisco de Villagra son diezmadas, más tarde la ciudad de Concepción fue destruida tres veces, en un poco más de dos años los españoles fueron reducidos a Valdivia y la Imperial.

Los acontecimientos posteriores al  wichan organizado para afrontar la primera oleada wingka en el Ngulumapu se disolvió rápidamente, en parte por las disputas de poder entre longko, además Pedro de Villagra ocupó Mariquina como una base militar para atacar a los williche, por ende, Kallfüllikan, Kalfurungui (Galvarino), Penco y Rengo protagonizaron una serie de escaramuzas exitosas que terminaron con la vida de Villagra, por su parte, Leftxarü fracasó en su intento de destruir Santiago pereciendo a orillas del río Mataquito. Tras el arribo de Martín García Hurtado de Mendoza los mapuche no fueron capaces de volver articular sus viejas alianzas, aunque, Kallfüllikan fue capaz de destruir dos fuertes españoles, este último sería incapaz de vencer al nuevo Gobernador en Millarapue, donde Kallfürungui y otros longko fueron cruelmente ahorcados. Posteriormente, Kallfüllikan desprestigiado fue traicionado, siendo ejecutado por los wingka sus miembros fueron cercenados, lo que finalmente tuvo las consecuencias imprevistas para los planes del Gobernador, ya que la ejecución del que había sido en vida longko de Pilmayken, lo transformó en un mártir, más tarde su hijo Lemukawin movilizó a otros moluwe (territorios) para impedir el avance del Gobernador Martín García Hurtado de Mendoza quien pretendía llegar hasta al Estrecho de Magallanes, no obstante, luego de fundar Osorno su hueste sería interrumpida por Lemukawin con un ejército considerable, que desplegaba nuevas unidades como los trangol-laf (arcabuceros) y las piezas de Artillería, luego de su victoria Lemukawin y sus weychafe estuvieron celebrando dos semanas su victoria, destruyendo posteriormente Osorno.

El nombramiento de García Hurtado de Mendoza fuera elegido como Virrey del Perú, la situación en la guerra prosiguió con un viejo enemigo Francisco de Villagra, poco antes de su muerte se suscitaron combates en el fuerte de Lincoya, en las proximidades de Cañete, además, de Angol y Mareguano, todos estos combates terminaron en una suma de estrepitosas derrotas para los wingka (en el fuerte de Mareguano, todos sus efectivos fueron asesinados a pedradas). Los mapuche poco a poco asociaron que sus alianzas que sobrepasaba sus lógicas políticas tradicionales en base al parentesco, no obstante, la lógica del weichan mapuche seguía sin poseer una connotación colectiva, inclusive, es importante destacar que los pewenche no se incorporarán a la guerra hasta 1580, en gran medida debido a la presión wingka sobre la cordillera del Gobernador Alonso de Sotomayor, además, no olvidemos que por esos años, en el Puelmapu sería refundada Buenos Aires que junto a Mendoza serían las plataformas militares perfectas donde los españoles se dedicaron a robar caballos, vacas cimarrones, además, de asesinar a cuanto puelche pudieran ajusticiar, ya que los españoles sólo reducían a las encomiendas a los nativos que tuvieran nociones de agricultura, mientras, que los cazadores recolectores sólo eran asesinados al no verles utilidad práctica para la economía colonial, en pocas palabras, poco a poco se evidenció que los wingka representaban una amenaza para todos. Por otra parte, la situación en el Ngulumapu no era mejor, la explotación y abusos en las encomiendas eran intolerables, además, los wingka obligaban a las familias mapuche a entregar a sus hijos a las misiones y ensuciaba los linajes, tomando indebidamente mujeres que aún no habían formado un matrimonio formal, este conjunto de actos indignó a los aliados de los españoles y propició el desastre que caería sobre éstos últimos.

La trascendencia del levantamiento de 1598, sería que su organización se generaría con unos once años de anticipación, el éxito militar experimentado en los años posteriores a la muerte del gobernador Oñez de Loyola se basaría en romper todo vínculo de amistad con el wingka, en definitiva, sería la articulación de todos los actores sociales de los territorios que componían el Ngulumapu deberían obedecer a un mismo objetivo, es decir, la consecución de la libertad. Ya no se cometerían los errores del pasado, se crearían los wichan mapu sobre la base de los Fütal mapu, el Lafkenmapu desde la desembocadura del río Biobío hasta el Toltén, Forrowe (Boroa crearía un wichan independiente); el nagmapu (abajinos) en la depresión intermedia, los wenteche (arribanos) formarían su propio wichan mapu en la precordillera; los pewenche mientras tanto formarían un wichan mapu sobre la base de su territorio que poco había cambiado, finalmente, el territorio aliado más extenso sería el Füta Willimapu, cuyo origen se materializó una vez fueran expulsados los wingka de Osorno y Valdivia, además de que todos sus aliados fueron cruelmente castigados, siendo, el caso más célebre lo acontecido en Marrikupan (Mariquina). Cada Wichan tendría a su respectivo líder militar o Toqui, Paillamaku en su calidad de koyong fue elegido líder de los lafkenche, Pilontxarü y Ancanamon liderarán a los abajinos, mientras, que Futapichón y Kuminawel liderarán a arribanos y pewenche respectivamente, para finalizar Millalikan lideraría a los weychafe kunkunche y williche.

Los efectivos del ejército español fueron aniquilados en su mayoría, debido a la sólida organización político-federativa de los wichan mapu, en la práctica, los jefes militares mapuche sólo podían inmiscuirse en aspectos militares, pero, no es prudente olvidar los aspectos espirituales que tuvo el füxa weichan de 1598, como, por ejemplo, los símbolos como las banderas que se ocuparon en las batallas contra los wingka eran amarillas y azules simbolizando el sol y el cielo, en pocas palabras la espiritualidad jugó un rol imprescindible para expulsar al wingka, inclusive, es importante destacar que previo a la destrucción de Osorno se desarrolló un largo Lepün que contó con la participación de Millalikan, Pilontxarü y Paillamakü, concluyendo cuando en mitad de la ceremonia se talló un toro de un alerce caído, cobrando éste vida, luego de este acontecimiento se concluyó la ceremonia y se procedió a atacar la ciudad. En cuanto a la organización interna, lo interesante es que políticamente los territorios seguían teniendo sus longko, elegidos en base a su linaje, capacidades personales, manejo de conflictos, etc.; además, sus autoridades espirituales seguían teniendo el mismo estatus, se respetaba la autonomía cultural, social y política de cada territorio en forma interna y de forma externa existían espacios como xawün o koyang donde participaban longko, kona, weychafe, weypife y otros actores sociales dentro de cada territorio para visualizar los estrategias para resistir el avance de los wingka.

El concepto político del wichan mapu, se extendió pronto en el Puelmapu considerando la iniciativa de Millalikan y sus weychafe en su búsqueda por caballos para fortalecer su ejército tomaron contacto con el país de las manzanas, cuyo territorio había sido poblado por sus hermanos hace ya unas cuatro generaciones, huyendo del avance wingka, en la región habitaban los poyas, un grupo que practicaba la poliandria (una mujer podía tener varios maridos) y  Gününa Küna (bautizados como tewelche, voz mapuche). Lo interesante, que resulta imaginarse la creación del primer wichan mapu en el Puelmapu, es sencillo, se formó a partir de tres grupos que poseían idiomas diferentes, patrones espirituales diferentes y otros rasgos culturales disímiles, aunque, es importante destacar que Millalikan y sus weychafe ya habían luchado en contra de los españoles hace más de cincuenta años, por ende, estaban bien preparados para establecer una lógica de resistencia que junto a sus nuevas alianzas dio buenos frutos en años posteriores, tanto así, que llegaron a expulsar a los españoles primero del norte de la Patagonia y luego de la pampa seca, finalmente, el célebre Toki llegó a Bahía Blanca, que marca un hito importante, es decir, Millalikan al ser el primogénito de Wenteyao era Ñizol Toki (líder militar máximo por derecho divino), estableciendo así un trafkintuwe que iría de mar a mar, desde Bahía Blanca hasta Pukatriwe.

Las disputas por los pasos cordilleranos, marcarían una serie de guerra fratricidas entre williche, kunkunche, poyas, puelches, Gününa Küna por un lado y por el otro de pewenche y wenteche por otro. Esto sería inevitable, no sólo porque este tipo de disputas se venían produciendo desde antes del arribo de los españoles, sino, que además existió una verdadera competencia por arriar ganado cimarrón o quitárselo a los españoles a punta de malones, además de ocupar un territorio sumamente extenso y rico. En este punto, hay que definir que los Wichan mapu eran un medio no un fin, es decir, las disputas internas al interior de la sociedad mapuche nunca se olvidaron (para bien o para mal estas continúan hasta nuestros días), por eso es importante entender que la guerra es un fenómeno cultural que existió entre los antepasados de los williche y los pewenche, además, con el caballo un malón se podía planificar en una semana y ejecutarlo exitosamente en un día o dos. Posteriormente, los Kallfükura del LofKülche y los Weitxa de Ankapomoe se incorporaron a la guerra, alineándose con los pewenche, los Kallfükura crearon su propio wichan mapu en el chadimapu o la tierra de la sal, creando también un trafkintuwe en un contexto más o menos estable, ya que durante los malones entre pewenche y williche, Buenos Aires recibió refuerzos militares de España para combatir a mapuche y Charrúas, lo que forzó una alianza entre pewenche y williche, que también fue exitosa ya que se logró expulsar a los wingka hasta el río Cuarto, finalmente, se formó el rankülmapu un territorio libre que fue poblado por williche, puelche, pewenche, nagche, wenteche, lafkenche, etc.

El procedimiento para habitar un territorio tan extenso que iba desde el río Cuarto hasta el río Negro fue simple, bastaba pedirle permiso al longko más cercano para poder asentarse, por lo general, este vínculo se sellaba con matrimonios predeterminados por las familias del Lofmapu y dependiendo de los antecedentes de la familias, esto se puede considerar como una época de apertura cultural, muy pronto se comenzó hablar de rankülche, ya que las diferencias culturales se entre los distintos territorios se debilitó, todo gracias al caballo y un espíritu de libertad inquebrantable, quizás lo que vieron los primeros williche que vieron a los poyas fue un sentimiento mutuo de alivio de no estar solo en la adversidad. Los siglos XVII y XVIII son sinónimos de un proceso de apertura cultural que pocas veces se ha visto en la humanidad, los mapuche consolidaron su independencia política, religiosa, cultural y social respecto a la corona española, al no estar sometidos a ninguna potencia colonial europea, aunque, los parlamentos, pusieron en tensión las alianzas políticas mapuche internas, al parecer esto poco mitigo los avances de resistencia del pasado, la sociedad mapuche se había consolidado formando una red de cooperación que iba desde un lado de la cordillera a otro. Finalmente, incluso durante el siglo XIX existieron las últimas experiencias federativas del Puelmapu con la Confederación Boroana y la Confederación de Salinas Grandes.

El Lanquino Acrata.

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Acracia N°63 (febrero)

Compañeres, adelantamos la entrega en la versión en PDF del periódico Acracia en su edición numero 63 correspondiente al mes de febrero del 2017. Entre los artículos encontraras:
Nota Editorial: Seamos la flor.
Fin al DL 701.
La importancia de soñar despiertos.
El equivoco de la naturaleza humana (parte III).
Maüñimin II: El federalismo histórico mapuche.
Gendarmería; el perro silencioso del estado.

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(Acracia 62) Los shuar contra el estado y el capital

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Para el filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría la vida moderna se sustenta en un absurdo:

[…] un modo de vida en el que, en medio de la posibilidad de la abundancia, reproducirse es al mismo tiempo mutilarse, sacrificarse, oprimirse y explotarse los unos a los otros”.

Es decir, las posibilidades técnicas y sociales actuales son tales que nos permitirían alcanzar el tan ansiado Sumak Kawsay (la vida plena de todos los seres que habitamos este planeta). Pero, “la maldición de la abundancia” es que, a pesar de ello, la sociedad actual genera, consume, reproduce la riqueza social destruyendo sus dos principales fuentes: los seres humanos y la naturaleza.

Históricamente nos hemos constituido en pueblos y culturas cada uno con características particulares fruto de diversas formas de relacionar el trabajo humano con la naturaleza y de significar esa experiencia, es decir de crear un cierto de tipo de socialidad. Pero además, como pueblos e individuos somos poseedores de una característica particular: el “Ruray – ushay”, la capacidad de hacer, construir, crear, tanto individual, pero sobre todo colectivamente. Esta, para muchos, sería la capacidad o característica que nos hace humanos y nos aleja de lo animal (aunque nunca totalmente). Por otro lado, está la naturaleza – Allpamama – como sustento material de la reproducción de los pueblos y culturas, pero también como fuente de significaciones y saberes que ha acompañado el largo proceso de producción de las diferentes sociedades humanas en la historia, y que ahora está amenazada por los efectos de la codicia y el egoísmo.

Estas dos fuentes originarias de la riqueza social son destruidas bajo el capitalismo para acumular valores. Se destruye la naturaleza y las culturas del mundo para sostener la vida opulenta de un grupo reducido de personas en el mundo. Es este absurdo, como dice Echeverría, lo que se observa cuando miramos la actual ofensiva de la minería transnacional en varios territorios de la nacionalidad shuar, la agresión a los pueblos, a sus modos de vida, y a su medio de reproducción social: la selva amazónica.

Pero la historia de la expansión del capitalismo nunca ha estado exenta  de su correspondiente resistencia, pues lo que genera riqueza (el hacer) y quienes se lo apropian están necesariamente unidos: “no hay capital, no hay acumulación posible, sin seres humanos creadores, hacedores”. Los shuar, pueblo guerrero, han habitado soberanamente la Amazonía sur del Ecuador y nororiente del Perú desde hace siglos, mucho antes de que los estados nacionales se construyan desconociendo, como en todas partes de Abya Yala, la presencia de naciones originarias. El papel que el gobierno está jugando al apoyar frontalmente a las transnacionales mineras chinas muestra la actualidad del racismo y la colonialidad de un Estado que desprecia la presencia inmemorial de los pueblos indígenas. Cuando el presidente Correa dice que en esos territorios no existían pueblos ancestrales, no hace más que verbalizar una antigua ideología según la cual la Amazonía era territorio baldío, y por tanto disponible de explotación. Al mismo tiempo, Correa habla por esa histórica misión de los estados coloniales de América: construir una sola nación pasando por encima la presencia de los pueblos originarios.

En este sentido, la lucha de la nación shuar es directamente contra el Estado colonial, contra esa estructura de dominación que ha servido para sojuzgar a los pueblos indígenas en nombre del bien de una nación que nunca ha reconocido en la práctica la pluralidad histórica de este país. Su lucha muestra la violencia que este Estado colonial debe ejercer contra los pueblos diferentes para tratar de consolidarse y culminar ese proceso inconcluso, e inviable que dice: “un Estado-una Nación”. Al mismo tiempo, su lucha, muestra la “actualidad de la plurinacionalidad”, como proyecto de superación de esas estructuras políticas que no permiten la autodeterminación territorial de las nacionalidades indígenas y de su propia historicidad. El Estado -plurinacional- como sugiere la antropóloga Rita Segato, debe ser un garante de la reestructuración y autodeterminación de los pueblos, de “la devolución de la historia, de la capacidad de cada pueblo de desplegar su propio proyecto histórico”. Y esto es justamente lo que está en juego en la lucha del pueblo shuar contra la política extractivista de este gobierno.

Pero además, la agresión de las transnacionales mineras chinas en territorio shuar muestran otra dimensión de la lucha, esta vez contra el capitalismo salvaje. En el mundo capitalista, según Bolívar Echeverría, la reproducción de la vida social de todo pueblo se hace posible de forma subordinada a la lógica de acumulación del capital. Los seres humanos, como individuos y pueblos, no logran autodeterminar totalmente su modo de reproducción social, sino que lo viven de forma enajenada

“[…] porque su proceso natural de reproducción no obedece a un telos propio capaz de sintetizarlo sino a uno ajeno que es el telos ‘cósico’ del valor instalado como sujeto que se autoafirma, que se valoriza: el telos de la acumulación capitalista”.

En palabras más sencillas, la lógica del capital no permite a los pueblos decidir libremente su forma de vida en colectivo, sino que le impone un vida que sirve mayoritariamente a la acumulación de riqueza para unos pocos. En esa lógica, la naturaleza y los seres humanos se vuelven cosas, mercancías que se compran, venden, consumen, explotan. La lucha del pueblo shuar contra la gran minería capitalista es también contra esa lógica cosificadora, es una lucha por mantener abierta la posibilidad de ser sujetos, de poder decidir los términos de convivencia histórica por fuera de las coerciones del capital, de poder seguir construyendo su historia junto a la Sachamama (selva). La resistencia shuar a la gran minería china desafía por tanto el control del capital sobre el ser humano, los pueblos y la naturaleza. Muestra que los pueblos a la larga no sólo somos víctimas de la agresión capitalista y del Estado colonial, sino que en el fondo somos -a pesar de los efectos de la dominación- sujetos que luchan diariamente por construir un camino que nos permita concretar nuestros propios proyectos de sociedad. Es una apuesta por la posibilidad de ser libres.

POR INTI CARTUCHE VACACELA

(Acracia 62) Acido urbano

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En el contraste de las diversas situaciones que se observan con cierto uso de razón, con una mirada filuda de crítica, de mantener despierta la conciencia y activo el cerebro, de de-construir a través de la manera en cómo nos vamos comunicando y así fortalecer un nuevo campo social: ácido urbano; donde no sea explícita la miseria ni el avasallamiento, donde la máquina sublime no nos arrase como lo ha sido con cada árbol de territorios ancestrales, en donde la normalización no sea adicción en la cotidianidad que nos ofrece esta sucia pero a la vez excitante plataforma de seres, elementos, productos y amores.  Insinuante y punzadora en el inquietante latido, en un inquieto ritmo que se fronteriza con las marcas del puntero.
Ácido desde el momento en que convivimos con cuerpos muertos, con cadáveres, en donde su propio espacio suele ser un monumento más; del recuerdo y la tristeza en pleno centro de nuestra urbe, de nuestra pista de desenvolvimiento. Agrio por la crudeza de cómo se transforma la pobreza en flores marchitadas con mezcla de escupos y malos tratos como cualquier baño de antro, porque muchos son ignominia, son “mosquitos”, como esos que también entorpecen nuestros estados, y eso sí es doloroso, porque lo vemos, lo observamos y junto con esa acción llevamos nuestros prejuicios en las manos a punto de seguir alimentándonos. Que paradójico el constante ejercicio de transitar con la bicicleta, de no poder descifrar la solución a la ceguera colectiva, de asumir que las relaciones humanas pierden el segundo concepto y fácilmente podemos ser partícipes de festines violentos, desequilibrados, ansiosos de egolatría y carentes de sensibilidad. Tal vez este duro y opaco concreto, frio para muchos que por las noches ni siquiera es una colchoneta, oscuridades que nos generan esas formas de caparazón que circulan entre ebriedad y apatía. Borrachera de fácil procesamiento, de incansables episodios que se acoplan a nuestra individualidad para dar cierre a utopías, ideales y luchas; coherencias y razonamiento.

En un claro y profundo actuar debería permanecer la visualización, lo contestatario, lo racional y la simpleza de entender que nos ordenan y programan desde un diseño arquitectónico, en nuestros lugares, en la ciudad, en el ajedrez. La segregación como parte de este invento, apartando a los pobres de los accesos, de las “bellas” y tan pomposas estatuas, de las perversas instituciones que juegan con la vida, con la alzada realidad, con la ignorancia y la necesidad de quienes somos asignados como ciudadanos, promoviéndonos inmediatez y un mundo resuelto, el cual definitivamente no establece alegrías menos soluciones. Desde poblaciones apartadas del punto central, del estatus y la elegancia se puede realizar una relación del funcionamiento sistémico y generar controversias por el significado y la aplicación de algunos hechos; como por ejemplo: El cobro de peaje; siendo esta parodia recibida como positiva si es concesionada pero totalmente abusiva, imponente, agresiva e impotente si es ejecutada por quienes viven en la esquina.

Será incesante esta lucha de los códigos tergiversados, de ismos impuestos y afanados, de rutas, caminos y senderos donde caminen con libertad los que aman de otra forma, quienes no tienen estereotipos definidos ni gustos opuestos necesariamente, muchos que practican la locura sin actuar, sin disfraces ni ataduras, sin ternos ni maquillajes, sin casa, sin autos, sin comida pero tampoco hambre. Es ahí con esos, con ellos, con ellas, con la madura sensación de aclarar los pensares el gesto de poder aceptar y compartir una “zoo-ciedad” obsoleta, con olor a gases y sudores proletarios, olores marginados y potente fortaleza de los que por ciclos y procesos hacemos la historia.

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