(Acracia 61) Una entrevista que no fué a Canek Sanchéz

A finales del 2014 tomamos contacto con Canek Sánchez Guevara, nieto del afamado guerrillero de origen argentino, para realizarle una entrevista de opinión sobre algunos aconteceres de la isla cubana, más argumento no estar tan al tanto últimamente, ya que llevaba viviendo varios años ya en México. Pronto la entrevista pasó a segundo plano (la verdad era que desviaba la atención mientras trataba de formular preguntas más o menos interesantes, y que no cayeran los clichés que eran más que obvios), y lo aburrido que le debia ser que siempre le preguntaran lo mismo… Y así pudimos conversar vía internet más distendidamente sin ningún tema en particular. Pero ahí estaba la sombra y la exposición mediática de ser nieto del che guevara, y peor aún ¡anarquista!. Este se volvió entonces nuestro tema de interés, su desencanto de las políticas comunistas y su acercamiento hacia el espectro libertario. Canek (tras la frivolidad del internet) parecía un tipo amable y bastante concienzudo (de hecho son pocas las personas que nos contestan favorablemente cuando les proponemos desde nuestro medio realizar alguna entrevista), me comentaba que preparaba un libro y tantos otros proyectos que debía dejar en pausa por una cirugía a la cual se debía someter en los próximos días, parecía algo menor, rutinario sin mayor trascendencia dentro del calendario de vida de una persona que llegaba a los 40 años. Inexplicablemente la cirugía cardiovascular se complicó, costandole la vida durante el transcurso de esta, el 24 de enero del 2015. Y bueno el resto es historia, la entrevista quedó trunca, mas no el legado de Canek que se puede rastrear en su abundante prensa, entrevistas y conferencias, además del recientemente publicado libro “33 revoluciones” publicado en septiembre de este año. Y bueno a propósito de la reciente muerte de Fidel y el inexplicable comportamiento afable con la dictadura castrista de buena parte del espectro libertario sudamericano, quisimos recordar estas líneas de Canek, sobre el tema en cuestión:

(…) En la prensa occidental, tan escasamente libre en realidad (tan llena de sobreentendidos que nadie entiende, y críticas más que superficiales y sosas), es común que los cuestionamientos al régimen cubano comienzan por denostar la insistencia de éste en prácticas caducas e ineficaces, tiránicas y victimistas, heroicas y pobres. A ese sistema se le llama con harta ignorancia, mucha desinformación y peor mala leche, comunismo. Mi postura, empero, es otra; incluso contraria, si se quiere. Todas mis criticas a Fidel Castro y epígonos parten de su alejamiento de los ideales libertarios, de la traición cometida en contra del pueblo de Cuba (…)

La inmovilidad en que cayó la obra revolucionaria tiene su origen en el concepto que de sí misma erigió: el de permanencia. La revolución (apenas pasada la década netamente revolucionaria) para ser “permanente” debió permanecer inmóvil pues de lo contrario liberaría a las fuerzas libertarias implícitas en ella.

Lo que permanece entonces, no es el accionar revolucionario sino la clase social que detenta el control de la institución “revolucionaria”. La revolución (el movimiento que ésta fue) hace años falleció en Cuba – de muerte natural, por cierto – y hubo de ser asesinada por quienes la invocaron para evitar que se volviera contra ellos. Tuvo que ser institucionalizada y asfixiada por su propia burocracia (ya el Che nos había prevenido de esto), por la corrupción (robolución, se le llamó), por el nepotismo (sociolismo) y por la verticalidad de la tan mentada organización: el Estado “revolucionario” cubano. Así, al concepto de “dictadura del proletariado” la sabiduría popular pronto le abolió el adjetivo: sólo quedó un sustantivo, absoluto y prohibido.

La nueva burguesía socialista no tardó en hacer suyos los más abyectos discursos y métodos de la recién destronada derecha en todo lo relativo a la vida privada y aún superando a ésta en lo concerniente a la asociación política –seamos honestos, un joven rebelde como fue Fidel Castro, en la Cuba de hoy, sería inmediatamente fusilado, no condenado al exilio – ; todo esto con la agravante de que se trataba de un gobierno de “izquierda” proveniente de un movimiento cívico-militar de lo más heterogéneo y heterodoxo. La persecución de homosexuales, hippies, librepensadores, sindicalistas, poetas (disidentes de cualquier signo o condición) se parece en demasía a lo que se estaba combatiendo. La criminalización de la diferencia nada tiene que ver con la libertad. La concentración del poder en unas pocas manos tampoco se cuenta entre los ideales libertarios, muchísimo menos la vigilancia perpetua sobre los individuos o la prohibición de las asociaciones que al margen del Estado éstos puedan hacer. Claro que el poder es del pueblo pero sólo el simbólico; el real, la toma de decisiones no, ése pertenece al Estado, y el Estado es Fidel.(…)

La insistencia por parte de adalides y denostadores del régimen en el sentido de que éste es marxista, rebasa todo sinsentido, pues marxismo, en Cuba, es sólo una asignatura escolar, una consigna del Partido y demás “organizaciones de masas, y, en el mejor de los casos, un sueño trunco. Para Marx (para cualquier libertario, en realidad), libertad y dictadura conforman un antagonismo indisoluble. Cierto que caminan juntos –como todo binomio de opuestos–, más no por la misma ruta, y de hacerlo (de pretenderlo, quiero decir), jamás llegarían al mismo sitio: si el fin justifica los medios, son los medios los que prefiguran el fin… En otras palabras, no se alcanza la libertad por la vía de la imposición. Nunca…

Una suerte de aristocracia fingidamente proletaria se fue gestando en el seno del gobierno “popular” oponiéndose con todas sus fuerzas a la democratización del proyecto revolucionario: la revolución cubana no fue democrática porque engendró en sí a las clases sociales destinadas a impedirlo: la revolución parió una burguesía, aparatos represivos dispuestos a defenderla del pueblo y una burocracia que la alejaba de éste. Pero sobre todo fue antidemocrática por el mesianismo religioso de su líder. Erigirse salvador de la Patria es una cosa; serlo por siempre, otra. En efecto, Fidel, con sus tropas y una buena parte de la sociedad civil, liberó a Cuba de la gangsteril dictadura batistiana; pero, con su obstinada permanencia, sólo logró volverse, él mismo, dictador. Del joven revolucionario al viejo tirano hay un abismo insalvable; el mismo que hay entre el disentir de aquel rebelde y el ordenar de este ser enloquecido por el poder y la gloria.(…) En lugar de pugnar por una sociedad escéptica, librepensante y crítica, aplaudió la credulidad, la sumisión y la obediencia absoluta de su pueblo. Todo lo que cuestionó del viejo régimen lo reprodujo por triplicado en el “nuevo”. Todo cuanto atacó de joven, lo avaló de viejo.(…) Fidel luchó como hombre libre y hoy niega la libertad de los hombres: se volvió uno de aquellos, despótico, cínico y prepotente hasta el paroxismo; ni mejor ni peor que un Fox, un Bush, un Berlusconi o un Putin cualquiera. Castro es uno de ellos: tan igual como diferente, la misma cosa, la misma basura, en otro contenedor y guardadas las distancias, claro, o, mejor aún, salvadas las diferencias. La lucha por la libertad no sólo no ha concluido en Cuba; tampoco en México ni en Vietnam, ni en los Estados Unidos ni en Chile, ni en Angola ni en Rusia, ni en China ni en Nicaragua… No ha terminado porque aún somos esclavos de las condiciones que nos son impuestas: todo lo que somos proviene de lo que se nos permite ser. Y eso, amigo mío, no es libertad.”

canek

Nota y transcripción Cristian Del Castillo.
Fragmento del artículo original aparecido íntegro en Reforma, el 17 de octubre de 2004.

(Acracia 61) Una caja de cenizas, el Estado y la próxima revolución en Cuba

Por Marcelo “Liberato” Salinas

Cuba sin Fidel Castro. El hecho que venían cocinando en su imaginación adeptos y enemigos durante años ya es una realidad consumada. Sin hacer mucho esfuerzo para sentirlo, se ha percibido un intenso silencio público que ha tenido relativa vida propia frente a la imponente maquinaria estatal de duelo nacional. Los voceros oficiales insistieron en que ese silencio fue una expresión palpable de consternación de masas. Los opositores anti-castristas recalcar que ese mutismo fue otra muestra del temor a las represalias que pudieran sufrir aquellos que celebraran el hecho en medio del luto oficial.

Pero ni la consternación, ni el júbilo reprimido fueron los únicos ingredientes que se pudieron percibir en ese momento en Cuba. En el diálogo cotidiano con vecinos, amigos, familiares y personas comunes en la calle, tuvimos la certeza de que la muerte de Fidel Castro pudo ser un hecho trascendente para Cuba, para el mundo y hasta para la llamada Historia Universal, pero a la misma vez no dejó de ser una noticia de escasas consecuencias prácticas para la agobiante cotidianidad sin esperanzas que, como en todos lados, vivimos los que dependemos de la salud de la dictadura salarial.

Tampoco había mucho que festejar, teniendo a la vista el incierto panorama que deja tras de sí Fidel Castro, con un hermano que en diez años gobernando ha tenido los grandes méritos de aflojar las tensiones autoritarias que dejó Fidel Castro para que lo esencial del sistema siga igual y crear las condiciones generales para que vuelva a parecer novedoso el razonamiento de aquel otro general-presidente proveniente de Holguín:

“(…) es que hay dos tipos de socialismo. Uno significa anarquía y el otro funciona bajo la disciplina del gobierno. Uno debe ser realista (…) queremos enseñar al pueblo que los obreros y el capital son necesarios y deben cooperar. Queremos desterrar las ideas utópicas que no funcionarán, pero en las cuales nuestro pueblo cree”[1]

Es que la implementación de este tipo de socialismo en Cuba ha tenido una historia más larga que la que nos cuentan los actuales seguidores de la familia Castro. El anterior dictador, Fulgencio Batista, hizo una contribución fundamental para el socialismo autoritario en la Isla, como lo expresó con claridad meridiana en la reflexión anterior, que si se sigue ignorando no podremos tener una idea cabal de la función histórica de Fidel Castro en la historia de Cuba.

El 20 de noviembre del próximo 2017 se cumplirán 80 años del primer evento político para masas convocado y gestionado por el sargento coronel Fulgencio Batista, para lo cual se valió de la entonces Secretaría del Trabajo, que le garantizó la asistencia obligatoria al menos de los empleados públicos de La Habana; el ejército le permitió reclutar por la fuerza  trenes, camiones, tranvías, automóviles, para lograr concentrar entre 60 mil y 80 mil personas en el Stadium La Tropical, como propaganda mediática para promover lo que fue el llamado Plan Trienal del anterior dictador[2].

Fue aquel el primer acto en Cuba de lo que se convertiría en una tecnología dramatúrgica de movilización permanente de masas en función de los intereses exclusivos del Estado cubano, que después sería manejada durante más de medio siglo con una maestría insuperable por Fidel Castro. Lo que en 1937 fue una balbuceante iniciativa autoritaria apenas gestionada por la Secretaría del Trabajo y el Ejército Nacional, después de 1959 aquella iniciativa fundacional de Batista se convirtió en una técnica de uso cotidiano que abarca a la totalidad de las instituciones del país y a millones de personas en todo el territorio nacional hasta hoy.

Los procederes gubernamentales que en Cuba inauguró Fulgencio Batista y que heredó y desarrolló hasta la perfección Fidel Castro, deja ahora con su muerte ampliamente abierto el camino para que sus candidatos a sucesores redescubran, con sorprendente actualidad para ellos, lo más auténtico del pensamiento político de Batista y las aportaciones de su Comandante en Jefe a ese gran propósito compartido por los dos gobernantes de lograr el control total de Cuba, por medio de la maquinaria del Estado nacional.

Si Fulgencio Batista no tuvo el coraje, ni la pretensión, ni la oportunidad epocal, de plantearse una ruptura con la hegemonía imperial yanqui en Cuba para llevar a cabo la realización plena del Estado Nacional, Fidel Castro sí tuvo la inmensa audacia y la coyuntura histórica favorable para desafiar directamente el dominio de EE.UU. sobre Cuba. Bajo el efecto sublimante de ese colosal propósito, más su soberbio talento de príncipe maquiavélico, logró convertir en sistema lo que fue una simple frase demagógica de Batista: un socialismo bajo la disciplina del gobierno, que ha sobrevivido a los más grandes desastres del último medio siglo y que ha convertido al Estado Cubano en una maquinaria imponente que no tiene reservas ningunas en afirmar como el 1 de mayo de 2008 que “socialismo es soberanía nacional”, es decir… Nacional-Socialismo.

Es que Fidel Castro fue el gran arquitecto no sólo de “La Revolución”, sino de algo que sus millones de acólitos no  pueden definir con precisión todavía pero que a todas luces es el Estado de Bienestar en su versión estalinista en Cuba, un modelo de gestión gubernamental surgido de la particular ubicación de la Isla en el escenario de la Guerra Fría, como aliado privilegiado de la URSS en América Latina, lo cual le permitió al Estado cubano contar con excepcionales recursos para poner en práctica los emblemáticos programas de educación integral desde el preescolar hasta la enseñanza superior, un sistema de salud universal y gratuito, el pleno empleo, urbanización masiva,  mejoras civilizatorias fundamentales para los millones de excluidos por el capitalismo neocolonial que han  distinguido a Cuba del resto de los países de la región.

Como en todos lados donde se han implementado estas políticas, ellas permitieron una mejoría sustancial en los niveles de vida de las masas más postergadas, pero junto a ello y simultáneamente, -intención estratégica-, un fortalecimiento sin precedentes del entramado de instituciones gubernamentales, que han conducido a una verdadera apoteosis del bienestar del Estado en Cuba.

Pero Fidel Castro hizo mucho más con el uso de esos cuantiosos recursos que adquirió de la relación privilegiada con la URSS, convirtió al Estado cubano en un influyente actor en política internacional, en la descolonización de África, Asia y en la expansión de los movimientos antiimperialistas en América Latina, haciendo de Cuba un epicentro activismo de las tendencias con intenciones socialistas no alineadas a la hegemonía soviética.

Después cuando se desplomó la potencia imperial soviética Fidel Castro y su inmenso prestigio internacional resucitaron un nuevo movimiento anti-neoliberal en América Latina que llegó a convertirse en gobiernos en importantes países de la región y junto a ello la puesta en práctica de un programa sin precedentes  de servicios médicos-sanitarios del Estado cubano para los más excluidos del mundo que llevó a los inestimables médicos cubanos a lugares tan remotos como el Himalaya pakistaní o el más cercano pero catastrófico Haití.

Sin embargo, hay que decir también que todos esos movimientos anti-coloniales y anti-neoliberales que aupó Fidel Castro desde Cuba se encuentran una década y media después en una profunda crisis política, moral, epistemológica etc., desde Sudáfrica, Angola, Argelia, hasta Venezuela, Brasil, Argentina y en camino de adentrarse en esa misma crisis en Nicaragua, Ecuador, Bolivia, El Salvador o Vietnam. Por otro lado, aquel inédito y admirable programa de servicios-médicos cubanos para los países del Tercer Mundo hoy es simple y ordinariamente la principal fuente de ingreso de la burguesía fidelista que maneja el Estado cubano.  

II.

La muerte del Líder Máximo ocurre en momentos en que la maquinaria estatal cubana resucitada en 1959-60, se adentra en otra crisis de reproducción material, hundida en gastos de inversión y control social que la hacen insostenible, pero con una legitimidad popular que se mantiene altísima a pesar de todas las deserciones. Esta peculiar y favorable situación las élites gubernamentales la están aprovechando a fondo para desmantelar el Estado de Bienestar Cubano de la época de Fidel Castro y la Guerra Fría, “sin prisa, pero sin pausa”, como ha afirmado el general-presidente Raúl Castro. Para ello se verán precisados a vender al país en pedazos por tal de sostener su Estado, por eso prefieren mejor aliarse con los más grandes grupos financieros del mundo que refinancien sus deudas, antes que dar un solo paso firme en avanzar en una socialización de las escalas de decisión y de las capacidades de gestión de las personas y los colectivos sobre sus vidas, que encarnen en realidades concretas, y no en abstracciones de propaganda, los pasos modestos pero precisos hacia la comunización de la vida cotidiana y la extinción del Estado burocrático y parasitario.

En aras de este perfeccionamiento y racionalización del capitalismo estatal en Cuba los herederos de Fidel Castro cuentan con dos herramientas fundamentales legadas también por Fulgencio Batista: la Central de Trabajadores de Cuba, organización sindical fraguada en enero de 1939 producto de la alianza entre el aparato político-militar batistiano y los estalinistas cubanos, garantiza hasta hoy el control total del movimiento obrero cubano por parte del Estado y los gobiernos de turno.

Si en 1939 fue un cuadro del Partido Comunista llamado Lázaro Peña –luego conocido como el “capitán de la clase obrera”- el encargado por Batista de gestionar esta alianza, en 1960 recibió ese mismo encargo de Fidel Castro y tuvo el tiempo suficiente de crear una escuela de oportunistas y aprovechadores que ha dado lugar a personajes clonados de Lázaro Peña como Pedro Ross Leal o Salvador Valdés Mesa, que han dedicado su vida a mantener y vivir del legado de Fulgencio y Fidel Castro de hacer un socialismo bajo la disciplina del gobierno.

El Código de Defensa Social de abril de 1939, pieza clave que retrata el espíritu fascista batistiano, es otro instrumento heredado del sargento-coronel Batista que ha sido ratificado con nombres distintos y vigorizado hasta el infinito bajo el poder de Fidel Castro. Desde su puesta en vigor ha servido para regularizar la pena de muerte por delitos políticos, el protagonismo de los tribunales militares y la arbitrariedad represiva en general; pieza jurídica olvidada interesadamente por todas las tendencias políticas tanto prodemócratas como prodictatoriales, el Código de Defensa Social no fue formalmente anulado ni por la Constitución de 1940, ni la de 1976, ni la de 1992, por lo que  ha mantenido y mantiene su total utilidad frente a los conflictos sociales que generarán el desmantelamiento del Estado del Estado de Bienestar estalinista cubano en los próximos años.       

Después de tantas vidas destrozadas  en medio de supuestos antagonismos, después de tantas torturas infernales para provocar demencia y desmoralización, después de tantos fusilamientos sumarios, amargos exilios, largas penas en cárceles horrendas, de tantos discursos encendidos y sublimes, después de tanta soberbia e intolerancia, se irá haciendo cada vez más visible con silencioso cinismo que lo más depurado e inconcluso del espíritu batistiano, puede hacer aportaciones sustanciales a eso que ahora los hombre de Estado en Cuba  han logrado finalmente definir como la actualización del modelo económico del socialismo cubano.

III.

En una fecha tan temprana como el 10 de enero de 1959 el periódico El Libertario que recién salía de la férrea clausura que le había impuesto la policía política batistiana, publicó un texto del hoy olvidado militante anarquista Antonio Landrian donde por primera vez intuyó estas confluencias:

La Revolución Fidelista del 26 de julio ha triunfado. ¿Triunfará su ideal? ¿Cuál es su ideal? Principalmente la libertad o dicho en imperativo: la liberación. ¿De qué? Del yugo batistiano. El yugo batistiano era violencia, imposición, peculado, despotismo, coacción, tortura, obcecación, autoritarismo y sometimiento en cadena. Era centralismo, soborno y servilismo incondicional… Mientras quede en pie uno de estos pilares del derrocado régimen de Batista, no habrá asegurado su victoria la revolución encabezada por Fidel Castro.

Excepto la violencia y la tortura policiaca, que hace unos años han pasado temporalmente a un rol menos público y visible en Cuba, todos los demás factores señalados por Landrián no sólo han quedado en pie después de 1959, intactos de la dictadura anterior, sino que han tenido un reforzamiento y un desarrollo exponencial desde aquellos días hasta hoy, lo que condujo a que el propio Landrián y los compañeros que animaban El Libertario, no pudieran disfrutar de los aires de libertad de esa Revolución Fidelista más allá de mayo de 1960, en que fueron otra vez clausurados, encarcelados, exiliados y prohibidos por la nueva policía política, ahora “revolucionaria”.

La imposición, el peculado, el despotismo, la obcecación, el autoritarismo, el sometimiento en cadena, el centralismo, el soborno y el servilismo incondicional a la maquinaria estatal han seguido teniendo una activisima existencia en Cuba más allá de la derrocada tiranía de Fulgencio Batista. Esa personal intuición que tuvo nuestro compañero Antonio Landrián, perdido en el torbellino de la historia, se ha convertido en la base estructural del funcionamiento de la vida cotidiana en Cuba hasta el momento en que están ocurriendo los funerales de Fidel Castro.

Unos amigos que estando en el parque central de la ciudad de Artemisa a la hora en que murió Fidel fueron expulsados del sitio por la policía y agentes de la Seguridad del Estado, porque “ahora no es momento para estar sentado en el parque conversando”; estudiantes becados  en una universidad habanera que los policías encubiertos que pululan en esas instituciones les cerraron las puertas de acceso a sus habitaciones la tarde del 28 de noviembre, porque “tienen que ir a la Plaza de la Revolución o irse para la calle hasta que se acabe la actividad”; la paralización total del transporte estatal en la capital desde el mediodía del 29 de noviembre para  lograr que la población sólo estuviera en la calle para ir al acto masivo de las 7:00 pm, la prohibición de  toda actividad deportiva en las áreas verdes colindante a cualquier avenida importante, multas de hasta 1500 pesos, (tres meses íntegros de salario) para el que agarrarán consumiendo bebidas alcohólicas en público en los días de luto… son una ínfima muestra de cuáles son los procederes cotidianos con que operan los defensores estatales del supuesto socialismo en Cuba.

Fidel Castro nos deja un país con uno de los niveles de instrucción, de salud y calidad de vidas más altos de América, pero todo ello atravesado por el interés estratégico del funcionamiento estable de su maquinaria estatal, en nombre de la lucha contra el imperialismo yanqui y sus lacayos locales. En la realización de ese propósito dio lugar a una sociedad que se encuentra al borde de una crisis migratoria permanente y un colapso demográfico en el horizonte. En esto las políticas imperiales yanquis han tenido un rol decisivo, pero no menos determinante ha sido que la dictadura sobre el proletariado cubano conducida por Fidel Castro ha convertido a Cuba en un territorio poblado por un “… inmenso rebaño de esclavos del salario (…) que piden ser esclavos para mejorar su condición” (…) en cualquier parte del mundo, haciendo realidad las más dolorosas pesadillas del ex anarquista cubano Carlos Baliño allá por 1897 en su texto Profecía Falsa.

Ese inmenso rebaño de esclavos del salario, antes pueblo revolucionario, ya estaba en pleno proceso de degradación moral y desposesión material, cuando Fidel Castro pronunció en su discurso del 1 de mayo del 2000 su último concepto de Revolución, sacado del olvido los días de sus honras fúnebres, en el cual afirmó, entre otras cosas, que: “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Hace cincuenta años era pragmáticamente inferible que el sujeto omitido de esa definición era sin dudas aquel pueblo revolucionario que alguna vez existió; en el año 2000 el sujeto omitido de esa oración no es otro que el propio Fidel Castro, con su  capacidad de maniobra y su imponente aparato ideológico-policiaco, que ya en ese año  no muestran rubor alguno de omitir a aquel pueblo revolucionario de su concepto de Revolución, conscientes de que ya lo habían castrado de su capacidad de cavilación y decisión propia y, por tanto, ya no está en condiciones de ser sujeto de una oración y mucho menos de ser sujeto de su propia historia.

En las largas jornadas de duelo oficial que vivimos en Cuba se fue haciendo visible que emergía una nueva consigna de masas: “¡Yo soy Fidel!”, que expresa muy bien el estado de esa amputación colectiva. Y entre el inmenso mar de banderas, fotos y carteles auto-elaborados que se vieron por televisión desde Santiago de Cuba, había uno portado por una mujer que decía “¡Yo soy Fidel! ¡Ordene!”. Semejante desajuste gramatical y existencial será crecientemente frecuente en el pensamiento de un pueblo que ha tenido la chocante experiencia de ver a la encarnación más soberbia del poder en la historia de Cuba convertida en una simple cajita de cenizas, un pueblo que tendrá que aprender a vivir sin las órdenes de su Comandante en Jefe y tal vez descubra por ese camino que no necesita ni más comandantes, ni más órdenes, sino más fraternidad, más auto-organización, menos vileza y miseria moral entre los de abajo, más responsabilidad sobre nuestras vidas, más imaginación comunizadora, para derrotar al espíritu y a los representantes de la nueva burguesía fidelista, parasitaria y burocrática, que hoy está reconstruyendo íntegramente en Cuba el capitalismo y sus viejos horrores ante nuestras propias narices y disimulan llorar cuando realmente están de fiesta.

Todo lo que facilite ese aprendizaje será una contribución directa para la próxima revolución en Cuba. Todo lo que obstaculice ese descubrimiento popular será la expresión más precisa y actualizada de la contrarrevolución. Las proporciones que en lo adelante logre alcanzar el fidelismo como corriente de ideas dentro del izquierdismo fuera y dentro de Cuba serán la expresión exacta de cuánto habrá avanzado la bancarrota moral de las izquierdas autoritarias, estatistas y desarrollistas en el mundo y pondrá sobre la mesa nuevamente la necesidad de seguir fraguando “…los modos más seguros de sacarle los cimientos al orden social de hoy y ponerles otros más seguros sin que se venga abajo la casa…”, como apuntó en enero de 1890 José Martí, reflexionando a propósito de “…aquel tierno y radioso Bakunin”[3].  

[1] Gracias al acucioso investigador norteamericano Robert Whitney podemos tener acceso a este documento que está por demás disponible en el libro Estado y revolución en Cuba, tranquilamente publicado por la editorial Ciencias Sociales de La Habana en 2010, p.230

[2] Toda la prensa de la época en Cuba cubrió esta inédita noticia y el acucioso investigador Robert Whitney en el mismo libro Estado y revolución en Cuba. Ob.Cit. pág. 283, da cuenta de este hecho por medio de fuentes gubernamentales norteamericanas.  Ver: Archivo del Congreso de los EE.UU.  Grant Watson a Edén, La Habana, 2 de diciembre, 1937. PRO/FO/A/9019/65/14, no.171.

[3] “Desde el Hudson” Obras Completas, tomo 12, pág. 378. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1982.

banderasanarquistaycubana

(Acracia 61) La quimera del poder por Patrick Rossineri

Al menos como es entendido en general por la izquierda, el “poder popular” sería una propuesta para construir el socialismo mediante un modelo de democracia participativa, que reestructuraria la organización sobre la que se sustenta el Estado. El poder popular estaría fundado en la vieja idea de Rousseau de voluntad general, transfiriendo las atribuciones del gobierno al pueblo, instituido en organizaciones asamblearias de base y eligiendo mediante el voto a los representantes en el gobierno popular. Esta política requiere la toma del gobierno para impulsar la transferencia antes mencionada, pero de forma gradual para transformar la democracia representativa en participativ, y alcanzar el socialismo por el camino del poder popular. es decir, se plantea un objetivo supuestamente revolucionario por un camino reformista, aderezado de jerga nacionalista, socialista y antiimperialista. este fue un experimento que quedó trunco en Chile en 1973 por el golpe de Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, y forma parte del canon ideológico de la Venezuela de Hugo Chávez y la Cuba post-bloque socialista, que recupera la consigna guevarista de desarrollar en el pueblo los “gérmenes socialistas”. Este tipo de proyectos reformistas y autoritarios defendido por la izquierda nacionalista y burguesa, han sido repudiados desde siempre por los anarquistas y sus teóricos más influyentes, Bakunin y Malatesta, entre otros.

SIn embargo, desde hace un tiempo muchos compañeros libertarios latinoamericanos (argentinos, uruguayos, colombianos y brasileños) han publicado declaraciones acerca de la necesidad de que los anarquistas “construyamos el poder popular” luchando por la socialización del poder a fin de que no se convierta en la posesión de unos pocos. la idea que se propone apuntaría a construir un movimiento libertario anti-dogmático, aterrizado en la realidad y conectado con las luchas populares.

Estas formulaciones, como bien presuponen sus autores, podrían parecer “una contradicción irresoluble” a todo “luchador o luchadora de la libertad”. en realidad no lo parece, sino que es una contradicción irresoluble. Pero antes de responder porque lo es, veamos en qué consiste esta propuesta. en un documento titulado Anarquismo y Poder Popular, de la Red Libertaria Mateo Kramer de Colombia, se hace la siguiente pregunta:

“¿Debe el poder ser entendido únicamente como una imposición autoritaria, como un poder sobre? ¿no se puede comprender el poder de otra forma, es decir, como un poder-hacer colectivo, un poder-construir en conjunto? Son los de arriba, aquellos que mandan, los que han hecho creer que el poder es un “objeto” del cual ellos tienen posesión, una “cosa” despegada de las relaciones sociales, un aparato trascendente de sujeción. pero en cambio, nosotros y nosotros, los y las de abajo, concebimos el poder de otra forma: no como una “cosa”, sino como una “relación”, como un poder social alternativo y liberador. así nuestro poder es principalmente una capacidad colectiva de imaginar y de crear en el aquí y ahora una nueva sociedad”.

Aquí surge una confusión en la pregunta que va a afectar todo el análisis posterior. el término poder tiene múltiples acepciones, significados e interpretaciones, por su carácter polisémico. podemos hablar de poder como una relación de dominio, como una capacidad de hacer, como posesión de algo, fuerza, capacidad de provocar efectos de verdad, mando, coerción, y finalmente, el gobierno de una país.

Claramente en la pregunta se confunde la acepción de relación de dominio (primera pregunta) con la acepción capacidad de hacer (segunda pregunta). para mayor embrollo, el razonamiento prosigue proponiendo dejar ver al poder como un objeto de instrumento y tomarlo como una relación, pero desdeñando que las relaciones de poder sean relaciones de dominio, y nuevamente proponiendo un poder como “capacidad colectiva de imaginar” (es decir, una competencia y no una relación). Luego de semejante enredo, que no por enmarañado deja de ser de una simpleza y una frivolidad pasmosa, sería lícito preguntarse si todo se reduce a preferir una acepción por otra o a considerar que los anarquistas siempre han sido tan obtusos como para haber conducido siempre el poder con una “cosa” y nunca haber percatado que era una relación de dominio. como si el hecho de pensar al poder en su aspecto relacional lo convirtiera en “un poder social alternativo y liberador” y no en una relación asimétrica de dominio. El capitalismo, entre otras cosas, también es una relación social asimétrica (de explotación y dominio”, y seguramente a estos compañeros no se les ocurriría olvidar este aspecto para proponer un “capitalismo social alternativo y liberador”.

En realidad, los anarquistas negamos el poder político, la capacidad de dominio de una institución, un grupo o un individuo sobre otras personas, el poder como sinónimo de gobierno. es decir, toda la teoría anarquista se funda sobre una crítica al poder y los efectos que produce, expresado objetivamente en los medios, instituciones, dispositivos e instrumentos materiales a través de los que se ejerce el dominio, pero también subjetivado en relaciones asimétricas donde unos deciden y mandan mientras que otros obedecen y ejecutan. los anarquistas nunca propusieron el poder popular, ni el poder para una clase, precisamente porque apuntaban a ese aspecto relacional del poder, donde si una clase o un grupo (aunque fuese mayoritario) ejercieran poder sobre otro, se convertiría en otra relación de dominio (asimétrica). Quien posee el poder ejerce control sobre la conducta de quien los sufre. No existen relaciones de poder asimétricas, porque cuando existe simetría y reciprocidad en una relación social, es porque la relación de poder ha dejado de existir.

En el documento también se afirma que, “para que este poder colectivo sea popular, el agente no puede el otro que el pueblo, ese sujeto plural que se define por la reunión de las clases subalternas, de los marginales de los desposeídos, de los excluidos”. Más allá de la obviedad de la proposición, se percibe una valoración de lo popular como positivo per sé, lo cual puede ocasionar ciertos conflictos. Lo popular no está exento de acarrear ciertas lacras sociales, como el sexismo, el nacionalismo o el racismo, por mencionar las más habituales. si algo fuese definido como popular tan solo porque lo produce el agente “pueblo”, y si definimos al pueblo gramscianamente como subalternas deberíamos también aceptar que dentro de ese pueblo hay gran cantidad de elementos sociales, culturales, políticos y económicos burgueses incrustado, que incluyen tanto al ama de casa, al vendedor ambulante y al obrero, como al policía de la esquina, al dueño de una verdulería o a un barrabrava futbolero. la esencia popular es precisamente ese carácter policlasista, que conjuga elementos revolucionarios y conservadores, proletarios y burgueses, libertarios y autoritarios.

Si -como sostienen- el poder popular es una nueva forma de relación, y apunta a poner en marcha un nuevo ethos”, creando “otro mundo posible, un mundo distinto que se enfrenta al que ya conocemos”, y al mismo tiempo “es una praxis que en la misma medida en que va transformando los lugares de vida de las personas crea un bloque contrahegemonico, un bloque que entra en confrontación directa con el orden imperante”, entonces el poder popular planteado de esta forma comienza a tener puntos en común con el poder popular según lo ha entendido históricamente la izquierda. Este poder se presenta como una anticipación de la sociedad futura, como una práctica gradualista, que apunta a reemplazar al Estado y al capital. Lo que no se explica es que como una cultura horizontal y libertaria, participativa e incluyente puede tener cabida en una sociedad que es su negativo rotundo, en que los medios de comunicación, educación, explotación y represión están en manos de quienes detentan realmente el poder. Claro que existen prácticas solidarias, ayuda mutua, cooperación, altruismo y actitudes libertarias en el seno del pueblo, pero esto es más inherente a la condición humana que al ethos popular. Es sencillamente una ilusión creer que por propugnar el poder popular (como quiera que esto se entienda) vamos a estar más cerca de la autoliberación de las masas. El sistema capitalista ha demostrado una gran capacidad de absorción de todos los movimientos populare, de todo signo: Venezuela y Cuba son un buen ejemplo de esto. Cuando excepcionalmente los gobiernos que realmente ejercen el poder conceden la posibilidad de que la gente practique alguna forma de autogestión, siempre es ajo el permiso y la supervisión directa o indirecta, cuando no el interés, del Estado.

Es un error plantear que, “el anarquismo que quiere socializar los medios de producción, también quiere socializar el poder y evitar que este se convierta en el privilegio de unos pocos”, precisamente porque eso sería socializar la asimetría, haciendo del poder “el privilegio de la mayoría”, y donde aquello que una mayoría denominada “popular” imponga al resto “menos popular” su particular visión de lo que debe ser. es una peligrosa ingenuidad suponer que dicho poder popular crearía “espacios alternativos de vida colectiva, lugares materiales y virtuales que escapan al control del capitalismo y del autoridad”. Más aún cuando todas las experiencias históricas han demostrado exactamente el contrario, y nunca pudo coexistir un espacio libertario por mucho tiempo en una sociedad estatal sin enfrentarse con ella (como en Ucrania o Kronstadt y la revolución española), o siendo absorbido por el capitalismo y el Estado, como en Cuba o en la Venezuela bolivariana, donde el Poder Popular funciona como un mecanismo de autorregulación capitalista.

Contrariamente a lo que sostiene la Red Libertaria Mateo Kramer, los anarquistas debemos aspirar a destruir toda forma de poder, sin dejar de organizarnos igualitaria y libremente, propugnando que el pueblo se autolibere. Porque las perspectivas políticas del populismo y el socialismo antiburgués siempre serán reformistas, aspirando a lo sumo a un capitalismo gestionado por la clase obrera, mediante cooperativas, sindicatos, partidos políticos o el “Estado Popular”.

Ser anarquistas implicar estar en contra del poder en todas sus formas, no solamente en contra de “algunas formas de poder”. El poder colectivo no es ausencia de poder, del mismo modo que capital colectivo no es ausencia de capital. El ser anarquista no puede reducirse a enfrentarse al poder burgués, sus agentes económicos, culturales y políticos. No podemos hacer del pueblo o el poder popular un adorado fetiche, del que presuponemos revolucionario per sé. De lo contrario, pondremos al pueblo en el trono, para ser su propio opresor, alienado de sí mismo.

Un poder popular negador de la liberación humana y que, parafraseando a Bakunin, no va a ser menos prepotente porque lleve inscrito el rótulo de “poder del pueblo”.

 

 

(Acracia 61) Anarcafeminismo

​Un principio importante del anarquismo y el quemás lo diferencia de cualquiera de los otros tipos de socialismo es el énfasis en la libertad y en las relaciones sociales no-jerárquicas. Es vital en el anarquismo el rechazo de cualquier jerarquía de poder entre hombres y mujeres. Los anarquistas creen que la libertad de uno está basada en la libertad de todos, entonces no puede existir sociedad anarquista sin la extinción de todas las estructuras de dominación y explotación, incluyendo naturalmente la opresión a la mujer. Como anarquistas creemos que los medios determinan el fin. Esto quiere decir que no esperamos una revolución futura para resolver los problemas del sexismo, sino que vemos que es importante luchar en contra de él aquí y ahora. Como anarquistas nos esforzamos para asegurar que ambas, nuestras propias organizaciones y también aquellas campañas en las que estamos involucrados, estén libres de sexismo y jerarquías de poder y que todos los miembros tengan igual poder de decisión y acción.

Reconocemos que la participación total de las mujeres en el movimiento anarquista y las luchas sociales de hoy es muy importante. Para formar la sociedad del futuro las mujeres deben estar involucradas en su creación y, por supuesto, sin la participación de la mitad de la población no habrá revolución social. Tal como creemos que la emancipación de la clase trabajadora es tarea de la clase trabajadora, también vemos que, esencialmente, el desarrollo, libertad e independencia de las mujeres debe venir de sí mismas. Involucrándose en la lucha política como un acto de fortalecimiento. Muchas mujeres en la sociedad de hoy no creen que pueden tener un rol fundamental para cambiar las cosas. Sin embargo, involucrándose, siendo parte —agitando, educando y organizando— nosotras comenzaremos a tener control de nuestras propias vidas en el proceso activo de luchar para cambiar la injusta sociedad en la cual vivimos.Sólo en una sociedad anarquista manda la base para que la opresión de la mujer cese de existir. Esto es porque las mujeres, debido a su rolreproductivo, siempre será más vulnerable que los hombres en la sociedad capitalista, la que está basada en la necesidad de aumentar ganancias. Los derechos de aborto, la licencia de maternidad pagada, facilidades de sala cuna y cuidado infantil, etc., en resumen todo lo que sería necesario para asegurar la igualdad económica de las mujeres bajo el capitalismo, siempre será especialmente relevante para las mujeres. Por esto, en general las mujeres son vistas como menos económicas que los hombres para emplearlas y más susceptibles a ataques a las ganancias como son las facilidades en salas cunas, etc.

Asimismo, las mujeres no pueden ser libres hasta que tengan control total sobre sus propios cuerpos. Aún bajo el capitalismo, los derechos de aborto nunca están garantizados. Incluso si se logran avances en esta área ellas pueden ser atacadas, como sucede con los derechos de aborto en los EE.UU. La opresión de las mujeres bajo el capitalismo tiene así un fundamento económico y sexual. De estas raíces, causas de la opresión femenina, surgen otras formas de opresión tales como, por ejemplo, la opresión ideológica de la mujer, la violencia en contra de la mujer, etc. Esto no quiere decir que las ideas sexistas simplemente desaparecerán con el fin del capitalismo, sino que sólo con el fin del capitalismo podemos librar a la sociedad de un prejuicio institucional que continúa propagando y fomentando el sexismo.

Ya que una sociedad anarquista no será conducida por el lucro, entonces, por ejemplo, no habrá sanción económica por tener hijos o por querer pasar más tiempo con ellos. El cuidado de los niños, los quehaceres domésticos, etc., pueden ser vistos como la responsabilidad de toda la sociedad y así dar a las mujeres y a los hombres más opciones en general.

Anarquismo/Anarcafeminismo conectan la lucha contra la explotación de clase y la opresión a la mujer. La libertad verdadera, para mujeres y hombres, sólo puede llegar en una sociedad sin clases, donde los lugares de trabajo son autogestionados, la propiedad privada es abolida y la gente que toma decisiones es la gente afectada por ellas.

Claramente la lucha por la libertad de las mujeres requiere una lucha de clases por parte de los trabajadores/as. Y al revés, la guerra entre clases sólo puede generar frutos si al mismo tiempo se desarrolla una lucha por la liberar a la mujer de la opresión.

Deirdre Hogan

Periódico Acracia N°61 (diciembre 2016)

Estimades compañeres:
Les compartimos la versión en PDF de nuestre periódico en su edición correspondiente al mes de diciembre de 2016, entre lo artículos encontraras:
Nota editorial: Llamado antifascista (Pág 2)
Una caja de cenizas: El estado y el próxima revolución en Cuba (Pág 3)
La quimera del poder popular (Pág 6)
Anarcafeminismo (Pág 8)
Aniversario de la FAIt (Pág 9)
Una entrevista que no fue a Canek Sánchez (Pág 11)
Grupos autonómos de la FALV (Pág 12)

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(Acracia 60) El ANARQUISMO TENDRÁ QUE TENER FUTURO ENTREVISTA A JOSE ESTEVAO

Luego del Congreso de la Internacional de Federaciones Anarquistas, tuve la oportunidad de poder viajar a Ámsterdam y ser afectuosamente recibido por los compañeros de la Okupa Binnen Prett (que del holandés se traduce como lindo por dentro), lugar donde le realice una entrevista al destacado y longevo luchador ácrata José Estevao actualmente miembro del Grupo Anarcosindicalista de Ámsterdam (ASB).

¿Cómo es que llegaste a las ideas anarquistas?

Bueno hace ya mucho, muchos años. en mis tiempos de la escuela había entrado en contacto en la ciudad donde estudiaba Évora (portugal) con compañeros que estaban ligados un poco al surrealismo al arte, y tenían un poco de mucha influencia de algún surrealista portugués que tenían contactos y tradiciones libertarias y por otra parte con la influencia también de los franceses, los anarquistas franceses que tenían mucha ligazón con el movimiento surrealista, y esa ha sido una de las bases de mi anarquismo. y otra base me a venido de mi pueblo al sur del Portugal un pueblo minero que tiene una tradición muy grande de sindicalismo revolucionario, anarcosindicalismo. Esta tradición se ha perdido con el fascismo pero siempre he escuchado un poco hablando con la gente y siempre me he dado cuenta que han tenido lugar en mi pueblo, esa así sido la base de mi anarquismo. después esta se ha ampliado cuando vengo a Holanda como refugiado político, he tenido mucho contacto muchos refugiados españoles después del 39, con esa gente me he formado más como anarquista y naturalmente con el movimiento anarquista de Holanda que es muy pequeño pero que siempre ha existido como acá en Ámsterdam con un grupo específico anarquista y anarcosindicalista.

¿En qué año tienen que emigrar y cuales son las causas?

ya te he explicado un poco vine como refugiado político, porque nosotros haya en Portugal teníamos una dictadura fascista hace mucho, me he venido a principio de los 70’s por razones políticas porque allá estaba muy mal, también por relaciones culturales ya que estaba ligada al movimiento surrealista que es básicamente un movimiento libertario, y otra razón muy importante y muy concreta por la cual me sentí muy mal también fue las guerras que tenían los portugueses en las colonias portuguesas de Angola, Mozambique y la guinea, y bueno estaba haciendo guerra a todos diciendo defender lo que era de ellos. y yo me había rehusado de ir a la guerra como objetor de conciencia he tenido que salir del país, como yo muchos otros compañeros han ido para Francia, Holanda y Suecia sobre todo, esa ha sido la razón por la que he venido acá y desde que me he venido acá el 74 se dio la revolución de los claveles, yo regrese un poco a Portugal , no me he quedado allí porque a esa altura ya había nacido mi primer hijo por lo que me he quedado acá, pero siempre viajando para allá largos periodos pero siempre volviendo.

¿y usted que siempre ha estado ligado desde los años 70 del anarquismo en Holanda, cuales son las referencias que usted tiene?

mira en Holanda hay un movimiento libertario grande no es un movimiento organizado pero en mucha tendencia en Holanda, y Ámsterdam ha sido muy abierta a la cultura de los jóvenes y obvio en eso hay una tendencia muy simpática hacia nuestras propias ideas. Así que Ámsterdam es un sitio donde pasa mucha cosa, como te digo no es un sitio muy organizado con un tendencia sindicalista que los compañeros anarquistas estaban en un sindicato que no era específicamente anarquista pero estaban allí, habían anarcosindicalistas, y afuera siempre ha habido un movimiento antimilitarista muy grande y fuerte parte de una tradición del anarquismo acá en Holanda junto la vivencia alternativa y naturalmente ha habido un movimiento sindical bastante fuerte. en los años 70 había un movimiento grande abierto, se ocupaba mucho en esos años la ley lo permitía, y la gente ocupaba y había ocupaciones enormes, porque la ciudad tenía una parte vieja en decadencia y que los jóvenes ocupaban muchos estudiantes todos ellos. eso también ha sido bueno para las ideas libertarias y luego de allí algunas personas se han tornado más consciente y se han formado  los grupos anarquistas y libertarios, yo siempre he pertenecido a un grupo específico de Ámsterdam, nunca han existido muchos grupos, es algo raro, pero siempre he planteado que es necesario descentralizar y federar, pero la gente siempre se junta mucho. también en el movimiento estudiantil, con movimientos de repercusiones internacionales muy importantes como los prove, lo cabbaters, que son medio situacionistas, son movimientos muy interesantes, muy bien documentados, existen películas sobre ellos, y eso a sido un poco el clima que se ha vivido acá. Ahora las cosas han cambiado

Y respecto a ello, ¿como ve usted el futuro del anarquismo en Holanda y Europa en general?

es imposible de responder, pero mira yo soy optimista nosotros como libertarios tenemos una visión del futuro, tenemos que ser optimistas, yo creo que hay posibilidad acá, acá de momento hay dos organizaciones la Vrije Bond de 150 personas y el AAA de unas 30 personas es estos momentos muy pequeña con un trabajo que estamos haciendo muy difícil, pero yo creo que hay la posibilidad de poder surgir, en el movimiento okupa por ejemplo, y con la influencia de nuestras propias ideas, no se puede decir que será un movimiento controlado por nosotros, pero sí puede surgir un movimiento más afín a nosotros, y nosotros tenemos que continuar luchando por ello, como el apoyo a los refugiados, es una lucha que se está trabajando también y mantener espacios como este que es dentro de Ámsterdam el más importante, y para nosotros el anarquismo tiene que tener una base anticapilatisa y antiestado, así que tenemos que dar contenido concreto a ello, y es aquí donde trabajamos, nos organizamos y estudiamos y donde vivimos y es el espacio común (tu le podrás explicar a los compañeros donde estamos), este es un lugar que sirve mucho para ello, sirve de ejemplo, pero nos cierra mucho en ello. pero la verdad el anarquismo tiene mucho que hacer todavía para implantarlo en los barrios y todos eso, hay un trabajo necesario ser hecho, pero que no se está haciendo, la gente se sigue mucho en los barrios los okupas y espacios político-culturales como en el que estamos acá, a mucho ya creo que hay posibilidad porque el capitalismo nos asfixia, así que  hay que arreglarse, y estoy consciente de ello y trato de aportar en la medida, pero creo que el anarquismo tendrá que tener futuro.